Martes 4 de febrero – Devoción Matutina para Adultos 2014 – Conozcamos a Jaime White

Vino palabra de Jehová a Jonás […] diciendo: Levántate y ve a Nínive, aquella gran ciudad, y pregona contra ella; porque ha subido su maldad delante de mí. Y Jonás se levantó para huir de la presencia de Jehová. Jonás 1:1-3.

Algunos escuchamos el llamado del Señor a predicar la Palabra, pero no estamos del todo dispuestos a hacerlo. Así ocurrió con Jaime White, la segunda persona que contribuyó a la fundación del adventismo del séptimo día.
Jaime nació en Palmyra, Maine, el 4 de agosto de 1821. “A los quince”, informa, “me bauticé, y me uní a la iglesia [de la Conexión] Cristiana. Pero, a los veinte años me había enterrado en el espíritu del estudio y la docencia, y habían depuesto la cruz. Nunca había descendido al pecado común de la blasfemia, y no había usado tabaco, té ni café, ni había acercado un vaso de licor espirituoso a mis labios. No obstante, amaba a este mundo más de lo que amaba a Cristo y todo lo relacionado con él, y estaba adorando a la educación en vez de al Dios del cielo”.
El joven Jaime había oído hablar del millerismo, pero lo consideraba un “fanatismo descabellado”.
Con ese estado de ánimo, se sorprendió al oír que su madre, en quien confiaba, hablaba a favor de la doctrina adventista. No estaba preparado para el impacto que le causaría, en parte porque ya había hecho planes para su vida. Pero, no pudo evitar convencerse de su veracidad.
“Cuando regresé al Señor”, informa, “fue con una fuerte convicción de que debía renunciar a mis planes mundanales y entregarme a la obra de advertir a la gente que se preparara para el día de Dios. En general, me encantaban los libros; pero en mi estado apóstata, no tenia tiempo ni afición para el estudio de las Sagradas Escrituras. Por lo tanto, ignoraba las profecías” Más específicamente, Jaime White se sintió impresionado a visitar a los alumnos que había estado preparando en una escuela pública local. “Oré para que se me excusara de esa tarea”, escribió, “pero no sentí ningún alivio”. En ese estado mental, se fue a trabajar en los campos de su padre, “con la esperanza de poder desahogarme de los sentimientos bajo cuyo peso sufría”.
Pero, no pudo. Entonces, Jaime oró pidiendo consuelo, pero no lo recibió. Finalmente, “mi espíritu se levantó en rebelión contra Dios, y dije precipitadamente: No iré”. Con un fuerte pisotón puso fin al asunto, y se dispuso a hacer su vida.
La experiencia de Jaime White no es muy diferente de la del resto de nosotros. Oímos el llamado de Dios para que hagamos esto o aquello, y damos un pisotón o nos resistimos.
Pero, Dios no se da por vencido. Tiene un plan para cada uno de nosotros. ¿Cuál es su plan para ti hoy? Y, lo que es más importante, ¿cuál será tu relación con su voluntad?

DEVOCIÓN MATUTINA PARA ADULTOS 2014
A MENOS QUE OLVIDEMOS
Por: George R. Knight
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