Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y señoree en los peces del mar, en las aves de los cielos, en las bestias, en toda la tierra, y en todo animal que se arrastra sobre la tierra. (Génesis 1:26)

 Al pensar en la anatomía y en la fisiología del cuerpo humano me sorprendo ante la sencillez del proceso relatado en el libro de Génesis: «Entonces Jehová Dios formó al hombre del polvo de la tierra, sopló en su nariz aliento de vida, y fue el hombre un ser viviente» (Gen. 2:7). Así, tan sencillo, cuando en realidad nuestro organismo es tan complejo y delicado.

Nuestro cuerpo tiene la facultad de producir algunas sustancias, así como la de eliminar los desechos hacia el medio externo. Algunos de esos desechos son muy tóxicos, provienen de la oxidación de los alimentos. Los riñones son órganos que se encargan de separar de la sangre diversas sustancias nocivas que esta contiene, y cumplen además la función de filtrar el plasma sanguíneo, lo que permite mantener en estado óptimo nuestro interior.

«Nuestro cuerpo es propiedad de Cristo, comprada por él mismo, y no es lícito hacer de ese cuerpo lo que nos plazca. Cuantos entienden las leyes de la salud implantadas en ellos por Dios, deben sentirse obligados a obedecerlas. La obediencia a las leyes de la higiene es una obligación personal. A nosotros mismos nos toca sufrir las consecuencias de la violación de esas leyes. Cada cual tendrá que responder ante Dios por sus hábitos y prácticas. Por tanto, la pregunta que nos incumbe no es: “¿Cuál es la costumbre del mundo?” sino “¿Cómo debo conservar la habitación que Dios me dio?”» (El ministerio de curación, pp. 345-346).

Así como nuestro organismo, nosotras también hemos de producir y eliminar. Hemos de producir fuerza de voluntad y buenas obras a través de la acción del Espíritu Santo en nuestra vida. Hemos de eliminar todas aquellas sustancias de desecho que nos alejan de Dios.

Para mantener nuestra estabilidad espiritual, hemos de despojarnos de todo el peso del pecado que nos asedia y ser constantes en la oración y en el estudio diario de la Palabra de Dios.

Señor, gracias porque a través de tu amor puede filtrarse y eliminarse todo aquello que podría perjudicar mi relación contigo

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