Martes 6 de mayo – Devoción Matutina para Menores 2014 — Tres sacos de papas

«Si confesamos nuestros pecados, podemos confiar en que Dios, que es justo, nos perdonará nuestros pecados y nos limpiará de toda maldad» (1 Juan 1: 9).

En aquella pequeña comunidad irlandesa, las noticias volaban. Antes de que el barbero hubiera abierto su negocio, todo el pueblo había oído ya la noticia. Las amas de casa que tendían a secar la ropa hacían chasquidos con la lengua expresando su indignación. Los ancianos que jugaban al ajedrez golpeaban la mesa con los puños y denunciaban el robo. Se preguntaban cómo había podido suceder algo así en su pueblo.
Poco antes del amanecer, se había descubierto que un ladrón había entrado en el sótano de un vecino y le había robado dos sacos de papas. Todos comentaron el inusual suceso durante toda la mañana. Podían entender que robaran conejos al rico del pueblo, al fin y al cabo, aquello era una tradición local, pero ¿robar papas del sótano de un vecino que no tenía mucho dinero?
«¿Por qué? —pensaban—. Eso es como robar comida del plato de un niño».
El cura del pueblo de aquella pequeña comunidad católica pasaba frente a la oficina de correos cuando una chismosa le comentó el suceso de las papas robadas. El anciano sacerdote tocó con delicadeza las manos de la furiosa mujer e hizo un gesto de negación con la cabeza. Transcurrieron varias semanas. El policía no había logrado prender al ladrón, y pronto un nuevo rumor reemplazó la agitación provocada por el robo.
Una mañana, un hombre llamado Paddy se presentó en la iglesia y confesó al sacerdote lo sucedido: «Yo robé los tres sacos de papas». El sacerdote lo escuchó y le dijo que se arrepintiera y pidiera perdón.
Cuando Paddy estaba a punto de marcharse, el cura le preguntó:
—Había oído la historia del robo, pero ¿no se habían robado solo dos sacos de papas? Usted ha confesado que robó tres.
—Sí—respondió el hombre—, porque esta noche voy a robar el tercer saco.
El pobre Paddy no había entendido en qué consiste el perdón de Dios.
Cuando Jesús dijo: «Hijo mío, tus pecados quedan perdonados» (Marcos 2:5), sin duda estaba pensando también: «Vete, y no peques más».

DEVOCIÓN MATUTINA PARA MENORES 2014
EN LA CIMA
Por: Kay D. Rizzo
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