Notas de Elena - Libro - Segundo trimestre 2013 - Escuela Sabática

Notas de Elena – Libro – Segundo trimestre 2013 – Escuela Sabática

Miércoles 8 de mayo:

Una misión exitosa

Una vez más se encargó al siervo de Dios que fuera a dar la advertencia a Nínive. “Y fue palabra de Jehová segunda vez a Jonás, diciendo: Levántate, y ve a Nínive, aquella gran ciudad, y publica en ella el pregón que yo te diré.” Esta vez no se detuvo a preguntar ni a dudar, sino que obedeció sin vacilar. “Levantóse Jonás, y fue a Nínive, conforme a la palabra de Jehová” (Jonás 3:1-3).

Al entrar Jonás en la ciudad, comenzó en seguida a pregonarle el mensaje: “De aquí a cuarenta días Nínive será destruida” (versículo 4). Iba de una calle a la otra, dejando oír la nota de advertencia.

El mensaje no fue dado en vano. El clamor que se elevó en las calles de la ciudad impía se transmitió de unos labios a otros, hasta que todos los habitantes hubieron oído el anuncio sorprendente. El Espíritu de Dios hizo penetrar el mensaje en todos los corazones, e indujo a multitudes a temblar por sus pecados, y a arrepentirse en profunda humillación [se cita Jonás 3:5-9].

Mientras que el rey y los nobles, así como el común del pueblo, encumbrados y humildes, “se arrepintieron a la predicación de Jonás” (Mateo 12:41), y se unían para elevar su clamor al Dios del cielo, él les concedió su misericordia. “Y vio Dios lo que hicieron, que se con­virtieron de su mal camino: y arrepintióse del mal que había dicho les había de hacer, y no lo hizo” (Jonás 3:10). Su condenación fue evitada; el Dios de Israel fue exaltado y honrado en todo el mundo pagano, y su ley fue reverenciada…

Cuando Jonás conoció el propósito que Dios tenía de perdonar a la ciudad, que, a pesar de su maldad había sido inducida a arrepentirse en saco y ceniza, debiera haber sido el primero en regocijarse por la asombrosa gracia de Dios; pero en vez de hacerlo permitió que su mente se espaciase en la posibilidad de que se le considerase falso profeta. Celoso de su reputación, perdió de vista el valor infinitamente mayor de las almas de aquella miserable ciudad. Pero al notar la compasión manifestada por Dios hacia los arrepentidos ninivitas “Jonás se apesa­dumbró en extremo, y enojóse”. Preguntó al Señor: “¿No es esto lo que yo decía estando aun en mi tierra? Por eso me precaví huyendo a Tarsis: porque sabía yo que tú eres Dios clemente y piadoso, tardo a enojarte, y de grande misericordia, y que te arrepientes del mal” (Jonás 4:1, 2).

Una vez más cedió a su inclinación a dudar, y una vez más fue abrumado por el desaliento. Perdiendo de vista los intereses ajenos, y dominado por el sentimiento de que era preferible morir antes que ver sobrevivir la ciudad, exclamó, en su desconformidad: “Ahora pues, oh Jehová, ruégote que me mates; porque mejor me es la muerte que la vida” (Profetas y reyes, pp. 201-203).

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