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Miércoles 12 de marzo – Devoción Matutina para Menores 2014 — Sin raíces. No hay árbol

«Pido que, arraigados y cimentados en amor […] conozcan ese amor que sobrepasa nuestro conocimiento, para que sean llenos de la plenitud de Dios» (Efesios 3: 17-19, NVI).

Cuando el árbol favorito de Carlos comenzó a quedarse sin hojas en julio en vez de octubre, él quiso saber por qué. Carlos examinó las hojas y la corteza en busca de plagas o enfermedades, pero no encontró nada inusual. Decidido a salvar el árbol, se puso en contacto con una compañía de jardinería.
Contactó expertos de una universidad y del Servicio Forestal y siguió sus indicaciones, pero no hubo manera de salvarlo. Tenía que cortarlo. Primero le quitó las ramas. Luego cavó una trinchera alrededor del árbol para llegar a sus raíces. Sin embargo, a medida que fue cavando, no encontró raíces. Pensando que tal vez estaban escondidas, ató una soga al parachoques de su vehículo y el otro extremo alrededor del tronco del árbol. Avanzando lentamente hacia la calle, se sorprendió al ver inmediatamente el árbol en el piso. No ofreció ninguna resistencia, simplemente cayó, salvándose de golpear el frontal de su vehículo por apenas veinte centímetros.
Cuando Carlos salió del vehículo, descubrió algo extraño. El árbol no tenía raíces. Una sola raíz larga que rodeaba la base del tronco había matado a todas las demás raíces. La enorme raíz había estrangulado al árbol. Una tormenta de intensidad moderada lo habría derribado fácilmente. Las raíces de un árbol pueden crecer en diferentes direcciones y tamaños, pero son indispensables para nutrirlo y sostenerlo.
Los cristianos también necesitan raíces. Necesitan raíces fundamentadas en el amor. Debe ser tan natural para los hijos de Dios amar a los demás como lo es para un árbol echar raíces en la tierra. Si no damos y recibimos amor cristiano, nos pasará como al árbol de Carlos. Cuando alguien nos hiere, cuando nos sentimos rechazados o somos criticados, nos sentimos tentados a aislarnos.
Nos escondemos en nuestro pequeño rincón para que no nos hagan más daño. Pero al igual que el árbol de Carlos, terminamos destruyendo eso que estamos tratando de proteger.
Jesús habló de raíces, de tierra y de crecimiento en su parábola del sembrador. Lee Mateo 13 y fíjate con qué te identificas. Espero que con la buena semilla.

DEVOCIÓN MATUTINA PARA MENORES 2014
EN LA CIMA
Por: Kay D. Rizzo
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