Notas de Elena - Libro - Segundo trimestre 2013 - Escuela Sabática

Notas de Elena – Libro – Segundo trimestre 2013 – Escuela Sabática

Miércoles 15 de mayo:

Lo que es bueno

La medida con la que el Señor mide un carácter correcto es dada en las palabras del profeta Miqueas: “Oh hombre, él te ha declarado lo que es bueno, y qué pide Jehová de ti: solamente hacer justicia, y amar misericordia, y humillarte ante tu Dios” (Miqueas 6:8). Hay quienes parecen hacer justicia y amar misericordia pero no tienen dentro de ellos el verdadero principio que los haría caminar humildemente con Dios. Parecen tener una fe santificada, pero al faltarles eso, les falta todo. Si la vida no está santificada, los motivos y propósitos tampoco lo están, y así es imposible agradar a Dios. Hombres y mujeres han recibido de Dios el afecto y la inteligencia que les permite apreciar el carácter de Dios tal como fue revelado en la vida terrenal de Cristo, y mediante la fe en él pueden revelar los mismos atributos. Cristo debe ser manifestado en la vida de cada creyente. Cada uno debe probar con su vida que puede ser un ciudadano en el reino de Cristo y de Dios (Review and Herald, 30 de septiembre, 1909).

Una religión formalista no basta para poner el alma en armonía con Dios. La ortodoxia rígida e inflexible de los fariseos, sin contrición, ni ternura ni amor, no era más que un tropiezo para los pecadores. Se ase­mejaban ellos a sal que hubiera perdido su sabor; porque su influencia no tenía poder para proteger al mundo contra la corrupción. La única fe verdadera es la que “obra por el amor” para purificar el alma. Es como una levadura que transforma el carácter.

Los judíos debían haber aprendido todo esto de las enseñanzas de los profetas. Siglos atrás, la súplica del alma por la justificación en Dios había hallado expresión y respuesta en las palabras del profeta Miqueas: “¿Con qué me presentaré ante Jehová, y adoraré al Dios Altísimo? ¿Me presentaré ante él con holocaustos, con becerros de un año? ¿Se agra­dará Jehová de millares de cameros, o de diez mil arroyos de aceite?… Oh hombre, él te ha declarado lo que es bueno, y qué pide Jehová de ti: solamente hacer justicia, y amar misericordia y humillarte ante tu Dios” (Miqueas 6:6-8) (El discurso maestro de Jesucristo, pp. 49, 50).

Las ofrendas costosas y una apariencia de santidad no pueden ganar el favor de Dios. Él exige por sus misericordias un espíritu con­trito, un corazón abierto a la luz de la verdad, amor y compasión por nuestros semejantes y un espíritu que se niegue a ser seducido por la avaricia o el egoísmo. Los sacerdotes y gobernantes carecían de esos elementos esenciales para recibir el favor de Dios, y sus ofrendas más preciosas y sus vistosas ceremonias eran una abominación a la vista del Señor (Comentario bíblico adventista, tomo 4, p. 1196).

En la falta de un amor puro y abnegado entre los guardadores del sábado, se manifiesta una influencia satánica corrupta. La constante tendencia del mundo es desarraigar la misericordia y el amor que Dios desearía implantar en los corazones de sus hijos. Aun entre los que ocupan posiciones importantes en la sagrada obra de Dios parece haber un sentimiento que declara: “negocios son negocios”, implicando que la religión y los negocios deben ser mantenidos aparte. Se puede ser muy detallista en las cuentas y muy riguroso en las observancias religiosas, pero si el amor de Dios no se manifiesta en la vida diaria, todo eso será como “metal que resuena o címbalo que retiñe”. Cristo reprochó a los escribas y fariseos por no cumplir su deber con sus prójimos con estas palabras: “¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque diezmáis la menta y el eneldo y el comino, y dejáis lo más importante de la ley: la justicia, la misericordia y la fe. Esto era necesario hacer, sin dejar de hacer aquello” (Mateo 23:23) (Review and Herald, 28 de julio, 1891).

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