NOTAS DE ELENA 2013

Miércoles 16 de enero:
La creación completada
“Y acabó Dios en el día séptimo su obra que hizo, y reposó el día séptimo de toda su obra que había hecho. Y bendijo Dios al día séptimo, y santificó lo, porque en él reposó de toda su obra que hab-ía Dios creado y hecho” (Génesis 2:2, 3).

El gran Jehová había puesto los fundamentos de la tierra; había vestido a todo el mundo con un manto de belleza, y había colmado el mundo de cosas útiles para el hombre; había creado todas las ma-ravillas de la tierra y del mar. La gran obra de la creación fue reali-zada en seis días. “Y acabó en el día séptimo su obra que hizo, y re-posó el día séptimo de toda su obra que había hecho”. Dios miró con satisfacción la obra de sus manos. Todo era perfecto, digno de su di-vino Autor; y él descansó, no como quien estuviera fatigado, sino sa-tisfecho con los frutos de su sabiduría y bondad y con las manifesta-ciones de su gloria….

Además de descansar el séptimo día, Dios lo santificó; es decir, lo escogió y apartó como día de descanso para el hombre. Siguiendo el ejemplo del Creador, el hombre había de reposar durante este sagra-do día, para que, mientras que contemplara los cielos y la tierra, pu-diese reflexionar sobre la grandiosa obra de la creación de Dios; y para que, mientras mirara las evidencias de la sabiduría y bondad de Dios, su corazón se llenase de amor y reverencia hacia su Creador.
Dios vio que el sábado era esencial para el hombre aun en el pa-raíso… necesitaba el sábado para que le recordase más vivamente la existencia de Dios y para que despertase su gratitud hacia él, puestodo lo que disfrutaba y poseía procedía de la mano benéfica del Creador (La fe por la cual vivo, p. 33).

El sábado fue santificado en ocasión de la creación. Tal cual fue ordenado para el hombre, tuvo su origen cuando “las estrellas todas del alba alababan, y se regocijaban todos los hijos de Dios”. La paz reinaba sobre el mundo entero, porque la tierra estaba en armonía con el cielo. “Vio Dios todo lo que había hecho, y he aquí que era bueno en gran manera” y reposó en el gozo de su obra terminada.
Por haber reposado en sábado, “bendijo Dios el día séptimo y san-tificólo”, es decir, que lo puso aparte para un uso santo. Lo dio a Adán como día de descanso. Era un monumento recordativo de la obra de la creación, y así una señal del poder de Dios y de su amor. Las Escrituras dicen: “Hizo memorables sus maravillas”. “Las cosas invisibles de él, su eterna potencia y divinidad, se echan de ver des-de la creación del mundo, siendo entendidas por las cosas que son hechas”.

Todas las cosas fueron creadas por el Hijo de Dios. “En el princi-pio era el Verbo, y el Verbo era con Dios…. Todas las cosas por él fueron hechas; y sin él nada de lo que es hecho, fue hecho”. Y puesto que el sábado es un monumento recordativo de la obra de la crea-ción, es una seña l del amor y del poder de Cristo.

El sábado dirige nuestro s pensamientos a la naturaleza, y nos pone en comunión con el Creador. En el canto de las aves, el mur-mullo de los árboles, la música del mar, podemos oír todavía esa voz que habló con Adán en el Edén al frescor del día. Y mientras con-templamos su poder en la naturaleza, hallamos consuelo, porque la palabra que creó todas las cosas es la que infunde vida al alma. El “que mandó que de las tinieblas resplandeciese la luz, es el que res-plandeció en nuestros corazones, para iluminación del conocimiento de la gloria de Dios en la faz de Jesucristo” (El Deseado de todas las gentes, p. 248).

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