02 Folleto Escuela Sabática 3er. Trimestre 2013Miércoles 17 de julio

EL REAVIVAMIENTO, LA FE Y LA PALABRA

Hablando del tiempo inmediato antes de su venida, Jesús dijo: “Pero cuando venga el Hijo del Hombre, ¿hallará fe en la tierra?” (Luc. 18:8). Evidentemente, la fe será escasa en los últimos días.

¿Cómo podríamos definir la fe bíblica? ¿Es la fe creer que Dios nos dará todo lo que queremos? ¿Está la fe centrada  en nuestros deseos? ¿Es fe pedir a Dios lo que queremos y creer que lo recibiremos solo si lo creemos lo suficiente?

Deberíamos saber las respuestas a estas preguntas retóricas, ¿verdad?

La fe, la fe verdadera,  siempre está centrada  en la voluntad de Dios, no en nuestros deseos. Es confiar en Dios, creer en sus promesas  y actuar sobre la base de su Palabra. Nuestra fe crece al escuchar la Palabra de Dios y al ponerla en práctica (Rom. 10:17; Sant. 2:17, 18). Abrir nuestras mentes a las enseñanzas de la Palabra de Dios edifica la fe; y hacer lo que Dios dice –aun si es contrario a nuestros deseos personales–  nos prepara  para recibir la plenitud  del poder del Espíritu.

¿Por qué  algunas personas reciben poco  beneficio al leer  la Biblia? Heb. 4:1, 2.

__________________________

__________________________

__________________________

__________________________

Nuestra experiencia  espiritual revive cuando  aceptamos  la Palabra de Dios y la reclamamos  por la fe. Se recibe poco beneficio al leer apresuradamente la Biblia por un sentido de obligación o deber. Somos transformados al interiorizar lo que leemos, y al permitir que las enseñanzas  de la Biblia moldeen  nuestros pensamientos y nuestras vidas.

Compara la fe del centurión romano, del paralítico en Betesda y de los discípulos en el tormentoso Mar de Galilea  (Mat. 8:8-10; Juan  5:6-9; Mat. 14:29-33). ¿Qué podemos aprender de cada uno de estos  informes?

__________________________

__________________________

__________________________

__________________________

La fe no solo crece al leer meramente  la Palabra de Dios o al oírla. Viene al reclamar sus promesas como nuestras y cuando  creemos que lo que él dijo se aplica a nosotros personalmente. Dios ha dado a cada uno una medida de fe. Es uno de los dones del Cielo (Rom. 12:3). Cuando ejercemos la fe que ya está en nuestros corazones, no puede hacer nada más que crecer.

(238)

DEJA UN COMENTARIO

Comentarios

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *

*