02 Folleto Escuela Sabática 3er. Trimestre 2013Miércoles 18 de septiembre

DE LA FRICCIÓN  AL PERDÓN

¿Qué es el perdón? ¿Justifica el perdón la conducta de alguien que nos ha dañado horriblemente? ¿Depende mi perdón del  arrepentimiento del ofensor? ¿Qué pasa si aquel con quien  estoy  turbado  no merece mi perdón?

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¿Cómo nos  ayudan los siguientes pasajes a comprender la naturaleza bíblica del perdón?  Rom. 5:8-11; Luc. 23:31-34; 2 Cor. 5:20, 21; Efe. 4:26-30.

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Cristo tomó la iniciativa de reconciliarnos con él: “[La] benignidad [de Dios] te guía al arrepentimiento” (Rom. 2:4). En Cristo, fuimos reconciliados  con Dios mientras éramos todavía pecadores. Nuestro arrepentimiento y confesión no crean reconciliación. La muerte de Cristo lo hizo; nuestra parte es aceptar  lo que ha sido hecho por nosotros.

No podemos recibir las bendiciones del perdón hasta que confesemos nuestros pecados. Esto no significa que nuestra confesión crea el perdón en el corazón de Dios. El perdón  estaba en él todo el tiempo. La confesión, en cambio,  nos capacita para recibirlo (1 Juan 1:9). La confesión es muy importante, no porque cambie  la actitud de Dios hacia nosotros, sino porque  cambia  nuestra actitud hacia él. Cuando cedemos al poder convincente del Espíritu Santo para arrepentirnos y confesar nuestro pecado,  somos transformados.

El perdón  también  es vital para nuestro bienestar  espiritual. Dejar de per- donar a alguien que nos ha hecho mal, aun si esa persona no merece el perdón, puede  herirnos más a nosotros que a ella. Si una persona  nos ha dañado  y el dolor supura dentro de nosotros porque  no perdonamos, permitimos que ella nos hiera más aún.

El perdón es liberar a otro de nuestra condenación porque Cristo nos ha liberado de su condenación. No justifica la conducta de otro hacia nosotros. Podemos reconciliarnos con alguien que nos ha herido, porque Cristo nos reconcilió consigo cuando lo herimos. Podemos perdonar porque fuimos perdonados. Podemos amar porque somos amados. Perdonar es una elección. Podemos elegir perdonar a pesar de las acciones o actitudes de otra persona. Este es el verdadero espíritu de Jesús.

 

¿De qué manera  el concentrarnos en el perdón que tenemos  en Cristo nos ayuda a perdonar  a otros?

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