Devoción Matutina para Damas 2017 | El mostrador de facturación

“Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá” (Luc. 11:9).

Cuando viajo de vacaciones a Nigeria, que es mi país de origen, a menudo surge algún contratiempo durante el vuelo de regreso. El problema más común es que no llevo suficiente dinero en efectivo para pagar el exceso de equipaje, puesto que suelo regresar cargada de obsequios de los cuales no me quiero deshacer, ya que no están disponibles en Gambia, donde vivo.
Los tubérculos de batata no se pueden encontrar en Gambia, así que, una vez compré algunos para dárselos a mis hijos y a amigos. La noche anterior al vuelo, viajé desde Ibadán, a 130 kilómetros de Lagos, hasta el aeropuerto (un viaje en carretera bastante peligroso de noche), para pasar la noche allí, puesto que la facturación comenzaba a las seis de la mañana. En el aeropuerto, pasé la noche despierta, vigilando mi equipaje, y cuando llegó la hora de facturar, estaba primera en la fila. Se me encogió el corazón cuando vi que mi maleta marcaba ¡38 kilos! Solo podía llevar un peso máximo de 30 kilos, y no tenía dinero para pagar el peso extra. A pesar de todo, no estaba dispuesta a deshacerme de las batatas.
Cuando bajé mi maleta de la pesa, murmuré una breve oración de dependencia: “Por favor, Señor, ayúdame a llevar esto a mis hijos. En tu Palabra dices que pidamos los deseos que hay en nuestro corazón”. Un minuto después, la asistente que estaba en el mostrador me sugirió: “Señora, ¿por qué no coloca los artículos más pesados en su equipaje de mano?” Seguí su sugerencia, y esto aligeró el peso de la maleta, aunque no lo suficiente. Preocupada, coloqué de nuevo la maleta sobre el mostrador. La asistente asintió con la cabeza y etiquetó la maleta, dándome permiso para subirla al avión. Sin embargo, ¡nadie había pesado mi equipaje! No podía creer que hubieran aceptado mi maleta sin abonar nada de dinero por el peso extra. Por supuesto, todos los alimentos viajaron conmigo en el equipaje de mano, de camino a casa. ¡Cuán agradecida estaba!
Di gracias a Dios porque él persuadió a la asistente para que me ayudara a resolver mi problema; porque le pedí y me respondió. Algún día no muy lejano, otro “asistente” revisará nuestro “equipaje” (nuestro carácter) en el mostrador de facturación del cielo. Alabo a Dios porque Jesucristo estará allí, para ayudarnos a completar nuestro viaje de regreso a casa.
Taiwo Adenekan

DEVOCIÓN MATUTINA PARA DAMAS 2017
VIVIR EN SU AMOR
Carolyn Rathbun Sutton – Ardis Dick Stenbakken
Lecturas Devocionales para Mujeres 2017
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Matutinas, Mujer

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