Miércoles 19 de marzo – Devoción Matutina para Mujeres 2014  – El cántico de los redimidos

“Después de esto oí una gran voz de gran multitud en el cielo, que decía: ¡Aleluya! Salvación y honra y gloria y poder son del Señor Dios nuestro”. Apocalipsis 19:1.

Hacía tres meses que estaba en África. Esa calurosa mañana fui al hospital pensando en los desafíos que enfrentaría ese día, desconociendo el mensaje que Dios tenía para mí.
Acompañada por el enfermero entré en la habitación donde se encontraba una señora hospitalizada por complicaciones del SIDA y le comuniqué el alta médico. La noticia iluminó su rostro marcado por indelebles huellas de sufrimiento y, dando gritos de alegría, me miró agradecida. Sorprendida por esa reacción, que no había visto en otras personas de su condición, me senté junto a su cama a escuchar su historia.
Era huérfana desde la niñez. Sus padres murieron de sida. Sin hermanos ni familia fue abriéndose camino en la vida. Ahora, viuda y cargando sobre sí una enfermedad que iba debilitándola paulatinamente, debía alimentar y criar sola a sus tres hijos. Una vecina la llevó al hospital donde permaneció varias semanas sin tener noticias de sus hijos. Esto la angustiaba, esperando con ansias el momento del alta médico.
Junto a su cama, hablamos de Dios. Le dije que Jesús la amaba y estaba a su lado para ayudarla. Con alegría en su rostro me dijo:
-¡Jesús viene pronto!
Entonces le respondí:
-¡Sí! Viene pronto y en el cielo ya no habrá más llanto, ni dolor, ni muerte.
Entre lágrimas y sonrisas asintió. Oré con ella y abrazándola me despedí:
—¡Cuando Jesús venga nos veremos en el cielo!
Su respuesta fue:
-¡Amiga, quiero verte en el cielo!
En ese momento comprendí que si bien ambas tuvimos diferentes historias de vida, tanto ella como yo albergábamos la esperanza del reencuentro en la Nueva Jerusalén.
Al terminar la jomada, palpitó mi corazón al leer el mensaje de Dios en la cita: “[…]
Únicamente aquellos que digan: Señor, todo lo que tengo y soy te pertenece, serán reconocidos como hijos e hijas de Dios […]. El gozo de ver almas redimidas, almas eternamente salvadas, es la recompensa de todos aquellos que ponen los pies en las pisadas de Aquel que dijo: ‘Sígueme'” (Elena de White, El Deseado de todas las gentes, pp. 480, 481).

Lilia Yanina Sorace, Argentina

83DEVOCIÓN MATUTINA PARA LA MUJER 2014
DE MUJER A MUJER
Recopilado por: Pilar Calle de Henger
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