Miércoles 19 de diciembre:
ESPERANDO LA VENIDA

El creer en la próxima venida del Hijo del hombre en las nubes de los cielos no inducirá a los verdaderos cristianos a ser descuidados y negligentes en los asuntos comunes de la vida. Los que aguardan la pronta aparición de Cristo no estarán ociosos. Por lo contrario, serán diligentes en sus asuntos. No trabajarán con negligencia y falta de honradez sino con fidelidad, presteza y esmero. Los que se lisonjean de que el descuido y la negligencia en las cosas de esta vida son evidencia de su espiritualidad y de su separación del mundo incurren en un gran error. Su veracidad, fidelidad e integridad se prueban  mediante  las cosas temporales. Si son fieles en lo poco, lo serán en lo mucho (Joyas de los testimonios, tomo 1, p. 509).

En esta época del mundo hay un afán por los placeres sensuales, un incremento de la lujuria y una falta de respeto por la autoridad. Y no solo los mundanos sino también los cristianos  se dejan  gobernar por sus inclinaciones en  lugar del  deber. Mientras  tanto, las señales de los tiempos nos indican que el Señor se aproxima. Las palabras de Cristo, “velad y orad”, siguen resonando a través de las edades, al igual que la amonestación de Pablo: “Mas vosotros, hermanos, no estáis en tinieblas, para que aquel día os sorprenda como ladrón. Porque todos vosotros sois hijos de luz e hijos del día; no somos de la noche ni de las tinieblas. Por tanto, no durmamos como los demás, sino velemos y seamos sobrios”(l Tesalonicenses 5:4-6) (Signs of the Times, 7 de abril, 1887).

Estamos esperando y velando por la llegada de la grandiosa y terrible escena que clausurará la historia de esta tierra. Pero no hemos de esperar sencillamente; hemos de estar vigilantemente activos con referencia a este solemne acontecimiento. La iglesia viva de Dios estará esperando, velando y trabajando. Nadie ha de colocarse en una posición neutral. Todos han de representar a Cristo con un esfuerzo ferviente y activo para salvar a las almas que perecen. ¿Se cruzará de brazos la iglesia ahora? ¿Dormiremos, como se representa en la parábola de las vírgenes fatuas? Toda precaución ha de tomarse ahora; pues la obra hecha a la ventura resultará en decaimiento espiritual, y ese día nos sobrecogerá como un ladrón. La mente necesita ser fortalecida para mirar con profundidad ·y discernir las razones de nuestra fe. El templo del alma ha de ser purificado por la verdad, pues únicamente el puro de corazón podrá resistir los engaños de Satanás (Testimonios para los ministros, pp. 161, 162).

El pueblo de Dios debe recibir la amonestación y discernir las señales de los tiempos. Las señales de la venida de Cristo son demasiado claras para que se las ponga en duda; en vista de estas cosas, cada uno de los que profesan la verdad debe ser un predicador vivo. Dios invita a todos, tanto predicadores como laicos, a que se despierten. Todo el cielo está conmovido. Las escenas de la historia terrenal están llegando rápidamente al fin. Vivimos en medio de los peligros de los postreros días. Mayores peligros nos esperan, y sin embargo, no estamos despiertos. La falta de actividad y fervor en la causa de Dios es espantosa. Este estupor mortal proviene de Satanás (Joyas de los testimonios, tomo 1, pp. 88, 89).

Estamos viviendo en  el  tiempo  del  fin.  El  presto  cumplimiento de las señales de los tiempos proclama la inminencia de la venida de nuestro Señor. La época en que vivimos es importante y solemne. El Espíritu de Dios se está retirando gradual pero ciertamente de la tierra. Ya están cayendo juicios y plagas sobre los que menosprecian la gracia de Dios. Las calamidades en tierra y mar, la inestabilidad social, las amenazas de guerra, como portentosos presagios, anuncian la proximidad de acontecimientos de la mayor gravedad.

Las agencias del mal se coligan y combinan fuerzas para la gran crisis final. Grandes cambios están a punto de producirse en el mundo, y los movimientos finales serán rápidos (Testimonios para la iglesia, tomo 9, p. 11).

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