Miércoles 2 de marzo 2016 | Devoción Matutina para Mujeres 2016 | Recuerda…

No tenemos nada que temer del futuro, a menos que olvidemos la manera en que el Señor nos ha conducido, y lo que nos ha enseñado en nuestra historia pasada. Elena de White

“Recuerda los días de antaño; con sidera las épocas del remoto pasado”. (Deut. 32:7, NVI).

¿ALGUNA VEZ has experimentado una renovación espiritual durante un sermón o una vivencia en la naturaleza, con un libro, o tras una prueba superada que fortaleció tu fe? ¿A que desearías que aquella sensación de plenitud no se acabara nunca? Qué frustrante darse cuenta de lo débil que es nuestra memoria…
pero lo cierto es que, antes o después, el momento se esfuma y con él las emociones que provocó. De vuelta a los días grises y rutinarios que ponen a prueba la espiritualidad del más fuerte.
El 31 de octubre de 2007 el Congreso de los Diputados de España aprobó la Ley de Memoria Histórica, por la que se reconocían derechos en favor de quienes padecieron persecución durante la Guerra Civil Española y la Dictadura. Esta ley no hacía sino reconocer que nuestra “amnesia”, además de promover la injusticia, conlleva un grave problema: si no aprendemos de la historia, nos tocará repetirla. Miles de años antes, el propio Dios había ordenado a Moisés que estableciera una tradición de memoria histórica para su pueblo a
través de la repetición oral, el registro escrito y el canto. El mayor temor de Dios era que los seres humanos llegáramos a olvidar algún día cómo se nos ha manifestado a lo largo de los siglos. Porque si eso llega a suceder, si olvidamos cómo Dios nos ha conducido en nuestra historia pasada, entonces nos convertiremos
en personas injustas, repetiremos los errores de nuestros antepasados y nos olvidaremos de Dios.
“Y este fue el cántico que recitó Moisés: […] ‘Recuerda los días de antaño; considera las épocas del remoto pasado. Pídele a tu padre que te lo diga, y a los ancianos que te lo expliquen’. […] Porque la porción del Señor es su pueblo. (…) Lo halló en una tierra desolada, en la rugiente soledad del yermo. Lo protegió y lo cuidó; lo
guardó como a la niña de sus ojos. (…) No hay otro Dios fuera de mí” (Deut. 31:20; 32:7,9, 10, 39, NVI).
“Ten cuidado de no olvidar al Señor tu Dios. (…) Y cuando hayas comido y te hayas saciado, cuando hayas edificado casas cómodas y las habites, (…) no te vuelvas orgulloso ni olvides al Señor” (Deut. 8:11-14, NVI).
“Recuerda…”, es el incesante susurro de Dios que nos llega a través de las páginas de las Escrituras.

DEVOCIÓN MATUTINA PARA LA MUJER 2016
Ante todo, cristiana
Por: MÓNICA DÍAZ
Lecturas Devocionales para Damas 2016
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