Miércoles 2 de septiembre 2015 | Devoción Matutina para Mujeres 2015 | La insistencia divina

Estabais muertos en vuestros delitos y pecados… Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó, aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia sois salvos). Efesios 2:1-5

Me intriga la parábola de la viuda y el juez injusto, que Jesús escogió para enseñarles a sus discípulos acerca de la necesidad de orar sin desmayar. ¿Recuerdas la historia? “Había en una ciudad un juez, que ni temía a Dios, ni respetaba a hombre. Había también en aquella ciudad una viuda, la cual venía a él, diciendo: ‘Hazme justicia de mi adversario’. Y él no quiso por algún tiempo; pero después de esto dijo dentro de sí: ‘Aunque ni temo a Dios, ni tengo respeto a hombre, sin embargo, porque esta viuda me es molesta, le haré justicia, no sea que viniendo de continuo, me agote la paciencia’. Y dijo el Señor: ‘Oíd lo que dijo el juez injusto. ¿Y acaso Dios no hará justicia a sus escogidos, que claman a él día y noche? ¿Se tardará en responderles?”’ (Luc. 18:2-7).
Sí, a veces Dios parece tardarse en contestar las oraciones. A veces toma una vida entera, y un poco más, para que se vean resultados contundentes por parte de Dios. ¿Por qué hay que insistirle tanto a Dios para que se acuerde de nosotros? Parece algo cruel, ¿no es cierto?
Según las reglas de este mundo, los que insisten demasiado no son bien vistos. Además, esta generación no necesita insistir; todo se hace fácil y accesible: si se nos daña el auto, alquilamos otro; si deseamos lujos y comodidades, usamos las tarjetas de crédito; si sentimos hambre, a la vuelta está un restaurante de comida rápida.
En 2013 renunció el papa, y la comunidad católica clamó: “Queremos un nuevo papa, y lo queremos pronto”. Los cristianos también queremos a un Dios que nos auxilie ahora mismo. Cuán extraño nos parece el interés de Cristo en la persistencia. ¡Qué dicha hay en saber que nuestro Salvador perseveró en su misión redentora! La insistencia es evidencia de nuestra desesperación, de nuestra dependencia; y el reconocimiento de nuestra necesidad es el mayor requisito para que Dios atienda nuestros pedidos. “El Señor encamine vuestros corazones al amor de Dios, y a la paciencia de Cristo” (2 Tes. 3:5).— Olga Valdivia.

DEVOCIÓN MATUTINA PARA LA MUJER 2015
Jardines DEL ALMA
Recopilado por: DIANE DE AGUIRRE
Lecturas Devocionales para Damas 2015
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