Miércoles 23 de septiembre 2015 | Devoción Matutina para Mujeres 2015 | Yo te sonreiré, Señor

Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos, y ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor; porque las primeras cosas pasaron. Apocalipsis 21:4

El dolor de cabeza era insoportable. Jamás había experimentado algo similar. Había pasado unos días de mucho estrés en mi trabajo y pensé que me estaba enfermando por no haber descansado bien. Me fui temprano de mi trabajo a mi casa, pero esa noche tuve que ir a la sala de emergencia. Al día siguiente tampoco podía dormir. Salí de mi cuarto para no despertar a mi esposo y oré al Señor, pidiéndole que me permitiera descansar. A las tres de la madrugada logré conciliar el sueño. Cuando desperté en la mañana, sentí algo en mi rostro. Mi esposo me miró y me dijo: “Creo que tienes una parálisis facial”.
Como soy asistente médica, empecé a analizar los síntomas en un intento por llegar a un diagnóstico. Sentí miedo de que tuviera alguna relación con un tumor cerebral. Estuve hospitalizada cuatro días y me hicieron muchos exámenes, que dieron como resultado que mi situación no era grave. Había sido una parálisis facial en ambos lados de la cara, algo nada común, causada por un virus alojado en la parte posterior de mi cabeza.
Me era muy difícil hablar, comer, lavarme los dientes y hacer todas las cosas relacionadas con los movimientos faciales. Tampoco podía cantar, algo que disfruto hacer junto a mis compañeros del grupo Armonía celestial. Fue muy difícil para mí asistir a los conciertos y no poder alabar al Señor. Me sentía muy triste. Lloré mucho. Había dado por sentado que toda mi vida haría esas cosas que ahora me eran imposibles.
Hice rehabilitación durante un año y recuperé mis funciones faciales. Pero ¡no puedo sonreír! Aunque parecía algo sin importancia, me fue difícil aceptarlo. Cuando miro mis fotos de tiempos pasados, siento tristeza. Sin embargo, he aprendido a aceptar lo que no puedo remediar, y a agradecer a Dios por mi salud. Aprendí a sonreír con el corazón. Y anhelo el día cuando mi Señor enjugará toda lágrima y quitará el llanto, el clamor y el dolor. Quiero mantenerme firme hasta el fin. Y cuando me encuentre cara a cara con mi Salvador, le sonreiré.— Joyce Ramos de Martínez.

DEVOCIÓN MATUTINA PARA LA MUJER 2015
Jardines DEL ALMA
Recopilado por: DIANE DE AGUIRRE
Lecturas Devocionales para Damas 2015
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