NOTAS DE ELENA 2013Miércoles 23 de enero:
La creación en los profetas
No solo el hombre sino también la tierra había caído por el pecado bajo el dominio del maligno, y había de ser restaurada mediante el plan de la redención. Al ser creado, Adán recibió el señorío de la tierra. Pero al ceder a la tentación, cayó bajo el poder de Satanás. Y “el que es de alguno vencido, es sujeto a la servidumbre del que lo venció” (2 Pedro 2:19). Cuando el hombre cayó bajo el cautiverio de Satanás, el dominio que antes ejercía pasó a manos de su conquista-dor. De esa manera Satanás llegó a ser “el dios de este siglo” (2 Co-rintios 4:4). Él había usurpado el dominio que originalmente fue otorgado a Adán. Pero Cristo, mediante su sacrificio, al pagar la pe-na del pecado, no solo redimiría al hombre, sino que también recu-peraría el dominio que éste había perdido. Todo lo que perdió el primer Adán será recuperado por el segundo. El profeta dijo: “Oh torre del rebaño, la fortaleza de la hija de Sión vendrá hasta ti: y el señorío primero ” (Miqueas 4:8). Y el apóstol Pablo dirige nuestras miradas hacia “la redención de la posesión adquirida” (Efesios 1:14). Dios creó la tierra para que fuese la morada de seres santos y felices. El Señor “que formó la tierra, el que la hizo y la compuso; no la crió en vano, para que fuese habitad a la crió” (Isaías 45:18). Ese propósi-to será cumplido, cuando sea renovada mediante el poder de Dios y libertada del pecado y el dolor; entonces se convertirá en la morada eterna de los redimidos. “Los justos heredarán la tierra, y vivirán para siempre sobre ella” (Salmo 37:29). “Y no habrá más maldición; sino que el trono de Dios y del Cordero estará en ella, y sus siervos le servirán ” (Apocalipsis 22:3) (Patriarcas y profetas, pp. 52, 53).
El profeta ensalzaba a Dios como Creador de todo. Su mensaje a las ciudades de Judá era: “¡He ahí a vuestro Dios!” (Isaías 40:9, V. M.). “Así dice el Dios Jehová, el Criador de los cielos, y el que los extiende; el que extiende la tierra y sus verduras… Yo Jehová, que lo hago todo… que formo la luz y crío las tinieblas… yo hice la tierra, y crié sobre ella al hombre. Yo, mis manos, extendieron los cielos, y a todo su ejército mandé” (Isaías 42:5; 44:24; 45:7, 12) (Profetas y reyes,
p. 234).
Al hacer que los hombres violaran el segundo mandamiento, Sa-tanás se propuso degradar el concepto que tenían del Ser divino. Anulando el cuarto mandamiento, les haría olvidar completamente a Dios. El hecho de que Dios demande reverencia y adoración por so-bre los dioses paganos se funda en que él es el Creador, y que todas las demás criaturas le deben a él su existencia. Así lo presenta la Bi-blia. Dice el profeta Jeremías: “Jehová Dios es la verdad; él es Dios vivo y Rey eterno… los dioses que no hicieron los cielos ni la tierra, perezcan de la tierra y de debajo de estos cielos. El que hizo la tierra con su potencia, el que puso en orden el mundo con su saber, y ex-tendió los cielos con su prudencia… Todo hombre se embrutece y le falta ciencia; avergüéncese de su vaciadizo todo fundidor; porque mentira es su obra de fundición, y no hay espíritu en ellos; vanidad son, obras de escarnios; en el tiempo de su visitación perecerán. No es como ellos la suerte de Jacob: porque él es el Hacedor de todo” (Jeremías 10:10-16).
El sábado, como recordatorio del poder creador de Dios, le señala a él como Hacedor de los cielos y de la tierra. Por lo tanto, es un tes-timonio perpetuo de su existencia, y un recuerdo de su grandeza, su sabiduría y su amor. Si el sábado se hubiera santificado siempre, jamás habría podido haber ateos ni idólatras (Patriarcas y profetas, pp. 348, 349).

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