02 Folleto Escuela Sabática 3er. Trimestre 2013Miércoles 24 de julio

Una fe que testifica es una fe creciente

La actividad es una ley de la vida. Para estar sanos, nuestros cuerpos necesitan ejercicio persistente. Cada órgano, músculo y tejido es fortalecido y vigorizado por medio del ejercicio. Cuando descuidamos el ejercicio, nuestro sistema inmune queda comprometido, y quedamos más susceptibles a las enfermedades.

Algo parecido  nos sucede  espiritualmente  cuando  no ejercitamos nuestra fe por medio de la testificación. Las palabras de Jesús: “más bienaventurado es dar que recibir” (Hech. 20:35), se realizan en nuestras propias vidas espirituales. Cuando compartimos  la Palabra de Dios con otros, crecemos  espiritualmente. Cuanto más amamos  a Jesús, tanto más desearemos  testificar de ese amor. Cuanto más testificamos de su amor, tanto más lo amaremos. Compartir nuestra fe fortalece nuestra fe.

¿Qué nos enseña el milagro  de Jesús  de la multiplicación de los panes y los peces acerca  de compartir  nuestra  fe? Juan 6:1-11.

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Cuanto más damos de nuestra fe, tanto más se multiplica. Esta ley de la mul- tiplicación es un principio divino de la vida espiritual. Das, y creces; o retienes, y te marchitas. Jesús aumenta nuestra fe cuando  la compartimos con otros, aun si nuestra fe es bastante pequeña. Al compartir a Jesús (el Pan de vida) con las personas espiritualmente hambrientas que nos rodean, se multiplica en nuestras manos, y terminamos con más fe que cuando  comenzamos.

Cuando Jesús comenzó, tenía cinco panes y dos peces. Después de que cinco mil personas estuvieron completamente satisfechas con su comida  ese día, le quedó a Jesús más que cuando  comenzó. Sobraron doce cestas.

Las instrucciones de Jesús a su iglesia del Nuevo Testamento son demasiado claras para comprenderlas mal. Declaró: “De gracia recibisteis, dad de gracia” (Mat. 10:8). La testificación es la suave brisa que aviva las chispas del reaviva- miento hasta que sean llamas pentecostales. Cuando la testificación y el servicio no acompañan a un reavivamiento  de la oración  y el estudio de la Biblia, las llamas del reavivamiento se extinguen, y las brasas pronto se enfrían.

Es cierto. Cuanto más testificamos, tanto más crece  nuestra  fe. ¿Cuál ha sido tu experiencia con esta verdad espiritual vital?

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