Miércoles 28 de septiembre 2016 | Devoción Matutina para Menores 2016 | Derribando barreras

Entonces respondiendo


Jesús, dijo: Oh mujer, grande es tu fe; hágase contigo como quieres. Y su hija fue sanada desde aquella hora. Mateo 15:28.

Jesús y sus discípulos dejaron Galilea y se dirigieron hacia el noroeste, a la zona de colinas de Fenicia. Finalmente, allí pudo encontrar el descanso que no había podido conseguir en Betsaida. Pero Jesús no fue a esta zona solamente para estar en solitario. Sabía que alguien necesitaba de su ayuda.
Una mujer cananea lo vio que venía y gritó: “Ten misericordia de mí, ¡oh, Señor! ¡Mi hija está poseída por el demonio!” Aunque no profesaba seguir a Dios y vivía en una tierra donde todos adoraban ídolos, había oído de Cristo. Los judíos y los cananeos no se llevaban bien, y generalmente se evitarían mutuamente. Pero estaba decidida a conseguir ayuda, y no permitiría que nada ni nadie la detuvieran.
Jesús se había ubicado deliberadamente en su camino; ya conocía su situación. Pero también sabía del profundo prejuicio de sus discípulos. Quería que percibieran de primera mano cuán egoísta era el orgullo judío que había construido altos muros alrededor de ellos. Para demostrarles cómo estaban actuando, caminó derecho, cruzando a la mujer como si no la hubiera escuchado.
Los discípulos estaban molestos por su constante grito de ayuda. “¡Despídela!”, dijeron a Jesús. “Nos está molestando”.
A pesar de la aparente indiferencia de Jesús, no pudo ocultar su amor y compasión. “No es correcto tomar el pan de los hijos y arrojarlo a los perros”, le dijo, probándola. Esta respuesta habría desalentado a cualquiera, pero su fe era fuerte; sabía que su oportunidad había llegado. “Es verdad, Señor, pero los perros comen las migas que caen de la mesa del amo”.
La mayoría de los judíos consideraba que la gente como esta mujer eran perros, y esa actitud estaba mal; incluso hasta los perros tenían derecho a algunas bendiciones. Jesús acababa de llegar de Galilea, donde su propio pueblo lo había rechazado, pero esta mujer, que ni siquiera aseguraba seguir a Dios, lo aceptó.
Su hija fue sanada en ese mismo momento. Jesús mostró a los discípulos que esas altas barreras de orgullo y prejuicio deben ser derribadas. Cuando regresara al cielo, ellos iban a llevar el evangelio a la gente extranjera, como esta mujer. No importaba el color de su piel ni dónde vivieran.
Todos tienen una oportunidad para disfrutar de las bendiciones de Dios.

DEVOCIÓN MATUTINA PARA MENORES 2016
¡GENIAL!
Dios tiene un plan para ti
Por: Jan S. Doward
Lecturas devocionales para niños 2016
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