Miércoles 28 de noviembre:

La Cena del Señor

Cristo se hallaba en el punto de transición entre dos sistemas y sus dos grandes fiestas respectivas. Él, el Cordero inmaculado de Dios, estaba por presentarse como ofrenda por el pecado, y así acabaría con el sistema de figuras y ceremonias que durante cuatro mil años había anunciado su muerte. Mientras comía la Pascua con sus discípulos, instituyó en su lugar el rito que había de conmemorar su gran sacrificio. La fiesta nacional de los judíos iba a desaparecer para siempre. El servicio que Cristo establecía había de ser observado por sus discípulos en todos los países y a través de todos los siglos (El Deseado de todas las gentes, p. 608).

 

Los ritos del bautismo y de la Cena del Señor son dos columnas monumentales, una fuera de la iglesia y la otra dentro ella. Sobre estos ritos, Cristo ha inscrito el nombre del verdadero Dios (Joyas de los testimonios, tomo 2, p. 389).

 

En esta última acción de Cristo en la que compartió con sus discípulos el pan y el vino, se dio en prenda a ellos como su Redentor mediante un nuevo pacto, en el que estaba escrito y sellado que sobre todos los que reciben a Cristo por la fe se derramarán todas las bendiciones que el cielo pueda proporcionar, tanto en esta vida como en la vida inmortal futura.

 

Este pacto debería ser ratificado, por la propia sangre de Cristo. Las ofrendas y los sacrificios de la antigüedad habían mantenido constante­ mente este hecho en la memoria del pueblo escogido. Cristo estableció que su cena se conmemorara con frecuencia para hacemos recordar su sacrificio, en el que dio su vida por la redención de los pecados de todos los que creyesen en él y lo recibiesen. Este rito no debe excluir a nadie, aunque algunos piensen lo contrario. Todos pueden participar en él, y decir públicamente: “Acepto a Cristo como mi Salvador personal. Él dio su vida por mí para que yo fuese rescatado de la muerte” (El evangelismo, p. 204).

 

La Pascua fue ordenada como conmemoración del libramiento de Israel de la servidumbre egipcia. Dios había indicado que, año tras año, cuando los hijos preguntasen el significado de este rito, se les repitiese la historia. Así había de mantenerse fresca en la memoria de todos aquella maravillosa liberación. El rito de la Cena del Señor fue dado para conmemorar la gran liberación obrada como resultado de la muerte de Cristo. Este rito ha de celebrarse hasta que él venga por segunda vez con poder y gloria. Es el medio por el cual ha de mantenerse fresco en nuestra mente el recuerdo de su gran obra en favor nuestro (El Deseado de todas las gentes, p. 608).

 

Cuando los ritos son celebrados como el Señor lo ha ordenando, hay mensajeros de parte del trono de Dios que están presentes y escuchan las palabras de confesión  y perdón.  El Espíritu  Santo despierta las sensibilidades de quienes obedecen a Cristo y hace que sus pensamientos se transformen en canales espirituales. Como les ocurrió a los discípulos, ellos parecen pasar por el Getsemaní y presenciar la agonía de aquel que cargó con los pecados del mundo y ser testigos de la lucha por la cual e logró nuestra reconciliación con Dios (Review and Herald, 4 de noviembre, 1902).

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