Aconteció que después de muchos días murió el rey de Egipto, y los hijos de Israel gemían a causa de la servidumbre, y clamaron; y subió a Dios el clamor de ellos con motivo de su servidumbre. (Éxodo 2:23)

 ¡Después de muchos días!», comienza diciendo el versículo de hoy. Los israelitas tuvieron que dejar pasar muchos años para entender lo que significaba vivir lejos de Dios y las consecuencias que implicaba hacerlo. Fue necesario que sufrieran todo tipo de maltratos, humillaciones y vejaciones para que entendieran finalmente que podían clamar y acudir a Dios reconociendo que él era el único que podía rescatarlos del horror en el que vivían.

Cuando murió aquel rey del que habían estado dependiendo, se dieron cuenta de la necesidad que tenían de poder adorar a Dios en libertad. Por haber permanecido como esclavos de aquel rey durante varias generaciones habían olvidado los caminos de Dios, la forma correcta de adorarlo, de servirlo, de buscarlo, de entrar en su presencia. Bajo el mandato de aquel faraón sus corazones se habían vuelto duros, toscos, faltos de entendimiento, y fueron distanciándose del amor de Dios, de su compasión, de su misericordia y de su justicia. Distaban mucho de conocer a su Dios.

Como hemos leído en el versículo de hoy, ellos clamaron. Al hacerlo llegó su dolor y su angustia hasta aquel que ya tenía el plan perfecto para rescatarlos de la esclavitud. «Como nunca antes necesitamos apresurarnos a servir juntos a aquel que ha preparado su trono en los cielos y cuyo reino gobierna sobre todos. Dios no ha desamparado a su pueblo y nuestra fuerza depende de no separarnos de él» (El ministerio de la bondad, p. 141).

Puede que en tu vida tengas tu propio faraón, un rey que te impide gobernar tu libre albedrio para que coincida con la voluntad de Dios para tu vida. Quizá, como el pueblo de Israel, gimes por haber perdido el contacto con Dios y estés vagando cada vez más lejos de él. ¿Acaso tendrán que morir tus faraones para que reenfoques tus pensamientos en Dios? Acude a Dios en oración y súplica, para que él haga de ti una mujer libre para amarle.

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