Miércoles 30 de abril – Devoción Matutina para Menores 2014 — Moody pañuelo

«Decidí confesarte mis pecados, y tú, Señor, los perdonaste» (Salmo 32: 5).

La congregación de la Segunda Iglesia de York, en Maine, Estados Unidos, se encontraba cantando el himno de apertura. Cuando el joven pastor subió a la plataforma, los presentes pusieron cara de asombro. Su rostro estaba cubierto con un pañuelo negro. Por toda la audiencia se escucharon cuchicheos cuando el pastor comenzó a predicar dándoles la espalda a los hermanos, Para empeorar las cosas, el pastor se negó a explicar la razón de su extraño comportamiento.
Desde ese día, la personalidad del que una vez había sido un alegre predicador, cambió. La fama de Joseph Moody se extendió por toda Nueva Inglaterra, al punto de que comenzó a ser conocido como «Moody pañuelo». Su cara tapada ensombrecía las celebraciones de bodas y otras ceremonias eclesiásticas.
Tras más de veinte años, Joseph finalmente renunció a su cargo y se mudó a una pequeña cabaña a las afueras del pueblo, saliendo y entrando de ella solo durante la noche.
Todo el mundo especulaba sobre su actitud. Algunos decían que una joven de quien había estado enamorado lo había rechazado. Otros simplemente decían que estaba loco. No fue sino hasta que estuvo en su lecho de muerte, a la edad de cincuenta y tres años, que le reveló su secreto a un colega pastor.
Parece que durante una cacería, Joseph accidentalmente había disparado y matado a un amigo muy querido. En vez de contar lo que había ocurrido, Joseph huyó. Cuando el cuerpo fue encontrado, la gente creyó que el hombre había sido asesinado por un indio. Nadie sospechó nunca del pastor, y él jamás admitió su culpabilidad. A medida que el tiempo pasaba, se le hacía más difícil revelar la verdad. Joseph se obsesionó tanto con la culpa, que decidió no mostrar nunca más su rostro.
¡Qué triste! ¡Y pensar que tenía la seguridad del perdón en la Palabra de Dios! Puedo imaginarlo arrodillado en aquel pequeño cementerio, anhelando la paz que Dios promete. Desafortunadamente, Joseph Moody jamás halló esa paz, porque no pudo creer en el perdón de Dios. ¿Cómo podía perdonarlo Dios, si él no era capaz de perdonarse a sí mismo?

DEVOCIÓN MATUTINA PARA MENORES 2014
EN LA CIMA
Por: Kay D. Rizzo
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