«Allí no habrá más noche y no tienen necesidad de luz de lámpara ni de luz del sol porque Dios el Señor los iluminará y reinaran por los siglos de los siglos» Apocalipsis 22:5).

 Una de las cosas que un joven espera con más interés es poder obtener el permiso de conducción. Recuerdo el día que presenté el examen teórico en la oficina de permisos. Me concedieron un permiso provisional, lo que significaba que un conductor con permiso definitivo tenía que acompañarme cada vez que yo me ponía al volante. ¿Imagina quién condujo de vuelta a casa? Durante los meses que siguieron a la obtención del permiso, aprovechaba cualquier oportunidad para conducir.

¡Cómo han cambiado las cosas! Ahora, cuando vamos en automóvil, prefiero que conduzca mi esposa. Digámoslo sin rodeos: si antes no quería hacer otra cosa que conducir, ahora me parece una actividad extremadamente aburrida. Conducir me interesaba más antes de obtener el permiso que después.

¡Qué emocionante será cuando Jesús venga y nos lleve a casa con él! Lo hecho todo nuevo para nosotros.  Será tan extraordinario que no podremos explicarlo.  Pero, ¿se imagina cómo será cuando llevemos viviendo diez mil millones de años? ¿Nos parecerá tan excitante y extraordinario como el primer día? Sé que la respuesta es «si».

Dios es tan extraordinario que necesitaríamos más de una eternidad para conocerlo y amarlo cada vez más. Aunque siempre estará fuera de nuestro alcance, cada vez nos pareceremos más a él.

«A medida que los años de la eternidad transcurran, traerán consigo revelaciones más ricas y aún más gloriosas respecto de Dios y de Cristo. Así como el conocimiento es progresivo, así también el amor, la reverencia y la dicha irán en aumento. Cuanto más sepan los hombres acerca de Dios, más admirarán su carácter. A medida que Jesús les descubra la riqueza de la redención y los hechos asombros del gran conflicto con Satanás, los corazones de los redimidos se estremecerán con gratitud siempre más ferviente, y con arrebatadora alegría tocarán sus arpas de oro; y miríadas de miríadas y millares de millares de voces se unirán para engrosar el potente coro de alabanza» (El conflicto de los siglos, cap. 43, p. 657).

Si se siente solo y abatido, acuérdese de qué nos prepara Jesús. ¡Allí nos veremos!  Basado en Juan 14: 1-3

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