«El precio de su rescate no se pagó con cosas perecederas, como el oro o la plata, sino con la preciosa sangre de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin defecto» (I Pedro 1:18,19).

 Hoy hemos llegado a otro libro de la Biblia: 1 Pedro. Parece que Pedro y Santiago pensaban exactamente igual. Ayer Santiago nos decía que tener mucho oro y no servirá de nada cuando Jesús regrese. Hoy Pedro dice que el oro y la plata son perecederos. Eso significa que serán destruidos. ¿Cómo serán destruidos? Serán destruidos junto a toda la tierra cuando Jesús regrese. Esto tal vez te suene espantoso, pero en realidad es bueno. Es bueno porque Jesús va a crear todo nuevamente de cero.

Si lees el versículo de hoy verás que Pedro dice que el oro y la plata no se comparan en su valor a la sangre de Jesús.  Cuando Jesús murió por nosotros en la cruz, su sangre se convirtió en la cosa más valiosa sobre la tierra. Es tan valiosa que con ella podemos adquirir nuestro boleto al cielo, algo que el oro y la plata jamás podrán comprar

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