En la casa de mi Padre muchas moradas hay; si así no fuera, yo os lo hubiera dicho; voy, pues, a preparar lugar para vosotros. (Juan 14:2).
Una de las bendiciones que Dios me dio, como parte del ministerio pastoral de mi esposo, fue viajar a diferentes países. De esa forma pude conocer diferentes comidas, costumbres y culturas, y comprobar cómo se expande el mensaje adventista. Además tuve la oportunidad de conocer a los dirigentes de nuestra Iglesia, así como a hermanos de diferentes nacionalidades, y de comprobar que somos uno en Cristo Jesús.
Cada viaje representó una maravillosa aventura junto a mi esposo. Nos ayudó a adquirir una mayor confianza en la protección de Dios, y nos permitió reencontramos en nuestro compromiso como pareja y mantener viva nuestra relación diaria con Dios. El Señor nos permitió ver su gloria en cada lugar que visitábamos.
El día antes de regresar a nuestro hogar siempre llegaba el momento en que mi esposo me decía: «Prepárate… ¡nos vamos a casa!». ¡Qué emoción regresar a nuestro hogar, donde habíamos dejado a nuestros hijos y a nuestros nietos. Regresar para recibir sus besos y abrazos, y para compartir con ellos las experiencias vividas. Regresar a nuestro diario vivir, a nuestro trabajo, a nuestra gente, a nuestros compañeros, a nuestra congregación y a nuestra patria.
«Prepárate… ¡nos vamos a casa!» son las palabras que anhelo oír, no solo de parte de mi esposo, sino de parte del Señor. ¡Qué bello cuando escuche la voz de mi Padre pronunciar tan anheladas palabras! ¡Qué hermoso será contemplar el rostro de mi Salvador! ¡Sentir el abrazo amoroso de Jesús y poner mi corona a sus pies, dándole toda la gloria y alabanza por su inmenso amor y perdón! ¡Cuán hermoso será escuchar su melodiosa voz pronunciando mi nuevo nombre!
Jesús viene muy pronto en las nubes de los cielos. Los preparativos para ese regreso tienen que comenzar hoy. Dios nos ha hecho el regalo más maravilloso: el tiempo. El Señor te ha dado tiempo para que hagas planes, para que te organices, para que realices todos los preparativos necesarios.  De esa forma, cuando llegue ese día tan anhelado, no te tomará de sorpresa. Oremos para que muy pronto podamos escuchar ese mandato divino. ¡Preparémonos, porque pronto nos vamos a casa!

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