Notas de Elena | 11 de Abril del 2017 | El pueblo del pacto de Dios


EL PUEBLO DEL PACTO DE DIOS
Al renovarse el pacto poco después del nacimiento de Isaac, el propósito de Dios en favor de la humanidad se expresó nuevamente con claridad. Acerca del hijo prometido el Señor aseguro que serían “benditas en él todas las gentes de la tierra” (Génesis 18:18). Y más tarde el visitante celestial volvió a declarar: ” En tu simiente serán benditas todas las gentes de la tierra” (Génesis 22:18).
Las condiciones de este pacto que abarcaba a todos eran familiares para los hijos de Abrahán y para los hijos de sus hijos. A fin de que los israelitas pudiesen ser una bendición para las naciones, y para que el nombre de Dios se conociese ” en toda la tierra” (Éxodo 9:16), fueron librados de la servidumbre egipcia. Si obedecían a sus requerimientos, se verían colocados muy a la vanguardia de los otros pueblos en cuanto a sabiduría y entendimiento; pero esta supremacía se alcanzaría y se conservaría tan solo para que por su medio se cumpliese el propósito de Dios para “todas las gentes de la tierra” (Profetas y reyes, p. 273).
El cristiano debe ser un representante de los principios del cielo. Está comprometido por sagradas obligaciones a presentar la verdad con su virtud y su bondad. La gentileza, la amabilidad y la estricta veracidad debieran caracterizar sus palabras y actos. Consagrado a Dios, apartado para su servicio, siempre honrara su fe religiosa. Ni una sola hebra de egoísmo debe estar entrelazada con su carácter. Debemos educarnos para revelar el Espíritu de Dios en toda la obra de nuestra vida. El Espíritu Santo nunca desviara las pisadas de los hijos del Señor. Gracias al poder que imparte podemos extirpar de nuestras vidas todo lo dudo. Si queremos salir de las tinieblas que rodean al alma que carece de fe para ubicarnos donde descienda plenamente sobre nosotros la clara y resplandeciente luz de la Palabra de Dios, seremos guiados paso a paso por el sendero que conduce a la santidad . . .
Tenemos el privilegio, al estudiar fervientemente la Palabra, de ser conscientes de si estamos manifestando o no sus principios en nuestra vida diaria. Y así como el espejo revela nuestros defectos, mediante la oración ferviente y la fe debemos tratar de eliminarlos y alcanzar la norma que se nos ha propuesto. Al tratar de llegar a la perfección que Dios desea que logremos, se ira manifestando para nosotros insensiblemente la imagen de Dios mediante nuestras palabras, nuestros actos y nuestro espíritu . El ser humano recibirá el molde del Ser divino (Cada da con Dios, p. 279).
Cuando aceptamos a Cristo como nuestro Redentor, aceptamos la condición de ser colaboradores juntamente con Dios. Hicimos un pacto con el por el cual nos entregábamos plenamente al Señor; como mayordomos fieles de la gracia de Cristo debíamos trabajar para la edificación de su reino en el mundo. Cada seguidor de Cristo promete dedicar todas las facultades de la mente, del alma y del cuerpo a Aquel que ha pagado el precio del rescate por nuestras almas. Hemos prometido ser soldados, entrar en el servicio activo, soportar pruebas, vergüenza y reproches, pelear la batalla de la fe, y seguir al Capitán de nuestra salvación (Mensajes selectos, tomo 2, p. 142).

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NOTAS DE ELENA
LECCIÓN DE ESCUELA SABÁTICA

II TRIMESTRE DEL 2017
Narrado por: Patty Cuyan
Desde: California, USA
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