Notas de Elena | 12 de Julio del 2017 | Confrontación en Antioquía | Escuela Sabática

CONFRONTACIÓN EN ANTIOQUÍA
Cuando Pedro visito… a Antioquia, gano la confianza de muchos por su prudente conducta hacia los conversos gentiles. Por un tiempo procedió de acuerdo con la luz procedente del cielo. Se sobrepuso a su natural prejuicio hasta el punto de sentarse a la mesa con los conversos gentiles. Pero cuando ciertos judíos celosos de la ley ceremonial vinieron de Jerusalén, Pedro cambio imprudentemente su actitud hacia los conversos del paganismo. “Y a su disimulación consentían también los otros judíos; de tal manera que aun Bernabé me también llevado de ellos en su simulación” (Gálatas 2:13). Esta manifestación de debilidad de parte de aquellos que habían sido respetados y amados como dirigentes, hizo la más penosa impresión en la mente de los creyentes gentiles. La iglesia estaba amenazada por un cisma, pero Pablo, que vio la subversiva influencia del mal hecho a la iglesia por el doble papel desempeñado por Pedro, le reprendió abiertamente por disimular así sus verdaderos sentimientos. En presencia de la iglesia, le pregunto: “Si tú, siendo Judío, vives como los Gentiles y no como Judío, ¿por qué constriñes a los Gentiles a judaizar?” (vers. 14)
Pedro vio el error en que había caído, y se puso a reparar inmediatamente el mal que había hecho, hasta donde pudo. Dios, que conoce el fin desde el principio, permitió que Pedro revelara esta debilidad de carácter, a fin de que el probado apóstol pudiera ver que no había nada en sí mismo por lo cual pudiera enorgullecerse (Los hechos de los apóstoles, p. 161).
Abunda la mera profesión de religión, pero tiene poco peso. Podemos aseverar ser seguidores de Cristo, podemos afirmar que creemos toda la verdad de la Palabra de Dios; pero esto no beneficiara a nuestro prójimo a menos que nuestra creencia penetre en nuestra vida diaria…
El amor es la base de la piedad. Cualquiera que sea la profesión que se haga, nadie tiene amor puro para con Dios a menos que tenga amor abnegado para con su hermano. Pero nunca podemos entrar en posesión de este espíritu tratando de amar a otros. Lo que se necesita es que este el amor de Cristo en el corazón. Cuando el yo está sumergido en Cristo, el amor brota espontáneamente. La plenitud del carácter cristiano se alcanza cuando el impulso a ayudar y beneficiar a otros brota constantemente de adentro, cuando la luz del cielo llena el corazón y se revela en el semblante.
Es imposible que el corazón en el cual Cristo mora este desprovisto de amor. Si amamos a Dios porque él nos amó primero, amaremos a todos aquellos por quienes Cristo murió (Palabras de vida del gran Maestro, pp. 316, 317).
Después de todos los fracasos de Pedro; después de su caída y restauración, su largo servicio, su íntima relación con Cristo, su conocimiento de la integridad con que el Salvador practicaba los principios correctos, después de toda la instrucción que había recibido, todos los dones, conocimiento e influencia que había obtenido predicando y ensenando la Palabra, ¿no es extraño que disimulase, y eludiese los principios del evangelio por temor al hombre, o a fin de granjearse estima? ¿No es extraño que vacilara en su adhesión a lo recto? Dios de a cada uno la comprensión de su impotencia, de su incapacidad para guiar debidamente su propio navío sano y salvo al puerto (Los hechos de los apóstoles, p. 162).

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NOTAS DE ELENA
LECCIÓN DE ESCUELA SABÁTICA

III TRIMESTRE DEL 2017
Narrado por: Patty Cuyan
Desde: California, USA
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