Notas de Elena | 14 de Mayo del 2017 | Jesús nuestro sacrificio | Escuela Sabática

JESÚS, NUESTRO SACRIFICIO
Cuando el, a quien los ángeles adoran, que era rico en honor, esplendor y gloria, vino a esta tierra y tomo la naturaleza del hombre, no presento su naturaleza excelsa como excusa para mantenerse separado de los desafortunados. Al hacer su obra se lo vio entre los afligidos, los pobres, los angustiados y los necesitados. Cristo era la personificación del refinamiento y la pureza; su vida y carácter eran elevados; pero en su misterio no se lo encontró entre hombres de altisonantes títulos, ni entre los más honorables de este mundo, sino con los despreciados y necesitados. “Viene -dice el divino Maestro-, a salvar lo que se había perdido”. Sí; la Majestad de los cielos siempre trabajo para ayudar a los que más necesitaban ayuda (Testimonios para la iglesia, tomo 2, p. 415).
Dios demostró el valor que había colocado sobre el hombre al entregar a Jesús a una vida de humillación, pobreza y abnegación, al desprecio, el rechazo y la muerte, para que el hombre — su oveja perdida— pudiera ser salvo. ¿Es de extrañarse, entonces, que todo el cielo se interese en el rescate del ser humano? ¿Hay que admirarse del hecho de que mil veces diez mil, y millares de millares de ángeles se ocupen en subir y bajar por la escalera mística para ministrar a los que serán herederos de la salvación? Los ángeles no descienden a la tierra con el fin de denunciar y destruir, ni para gobernar y exigir homenaje, sino que son mensajeros de misericordia que colaboran con el Capitán de las huestes del Señor, para ayudar a los agentes humanos que salen a buscar y salvar a la oveja perdida. A los ángeles se les pide que acampen alrededor de los que temen y aman a Dios.
La simpatía de todo el cielo se interesa por las ovejas que vagan lejos del redil. Si los fariseos hubieran estado trabajando en armonía con Dios, en lugar de aliarse con el adversario de Dios y el hombre, no se los habría encontrado despreciando la compra hecha con la sangre de Cristo. A medida que los engaños de Satanás son eliminados de las mentes humanas, cuando el pecador mira al Calvario, y ve la raza arruinada y apostata, contempla el amor de Dios y se conmueve profundamente por él, y experimenta el arrepentimiento. “En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros”.
¡Oh, si pudiéramos comprender el amor de Dios y entender, aunque fuera levemente, la compasión que se ha manifestado hacia el hombre caído! ¡Cómo habríamos de mirar y vivir! Al contemplar a Cristo el carácter del hombre es transformado de gloria en gloria. Así se participa en el conflicto entre la luz y las tinieblas. ¡Míra, pobre pecador representado por la oveja perdida que el pastor salió a buscar, mira a la cruz!… En el pobre ciego a quien el pastor compasivo le restauro la vista, había uno a quien los fariseos santurrones consideraban digno únicamente de… odio (Exaltad a Jesús, p. 201).

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NOTAS DE ELENA
LECCIÓN DE ESCUELA SABÁTICA

II TRIMESTRE DEL 2017
Narrado por: Patty Cuyan
Desde: California, USA
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