Notas de Elena | 16 de Abril del 2017 | Iglesia y estado | Escuela Sabática

IGLESIA Y ESTADO
Hemos de reconocer los gobiernos humanos como instituciones ordenadas por Dios mismo, y ensenar la obediencia a ellos como un deber sagrado, dentro de su legitima esfera. Pero cuando sus demandas estén en pugna con las de Dios, hemos de obedecer a Dios antes que a los hombres. La palabra de Dios debe ser reconocida sobre toda otra legislación humana. Un “Así dice Jehová” no ha de ser puesto a un lado por un “Así dice la iglesia” o un “Así dice el estado”. La corona de Cristo ha de ser elevada por sobre las diademas de los potentados terrenales.
No se nos pide que desafiemos a las autoridades. Nuestras palabras, sean habladas o escritas, deben ser consideradas cuidadosamente, no sea que por nuestras declaraciones parezcamos estar en contra de la ley y del orden y dejemos constancia de ello. No debemos decir ni hacer ninguna cosa que pudiera cerrarnos innecesariamente el camino.
Debemos avanzar en el nombre de Cristo, defendiendo las verdades que se nos encomendaron. Si los hombres nos prohíben hacer esta obra, entonces podemos decir, como los apóstoles: “Juzgad si es justo delante de Dios obedecer antes a vosotros que a Dios; porque no podemos dejar de decir lo que hemos visto y oído” (Los hechos de los apóstoles, p. 56).
Vi que es nuestro deber en todos los casos obedecer las leyes de nuestro país, a menos que estén en conflicto con la ley superior que Dios dio en forma audible en el Sinaí, y después grabo en tablas de piedra con su propio dedo. “Daré mi ley en su mente y la escribir en su corazón, y yo seré a ellos por Dios, y ellos me serán por pueblo”. Jeremías 31:33. Los que tienen la ley de Dios escrita en su corazón obedecerán a Dios antes que a los hombres, y preferirán desobedecer a todos los hombres antes que desviarse en lo mínimo del mandamiento de Dios. El pueblo de Dios, ensenado por la inspiración de la verdad, y conducido por una buena conciencia para vivir de acuerdo con cada palabra de Dios, adoptara la ley escrita en el corazón como la única autoridad que puede reconocer o consentir en obedecer. La sabiduría y autoridad de la ley divina son supremas (Testimonios para la iglesia, tomo 1 p. 322).
El tiempo de que disponemos es corto. Solo una vez podemos pasar por este mundo; saquemos, pues, al hacerlo, el mejor provecho de nuestra vida. La tarea a la cual se nos llama no requiere riquezas, position social ni gran capacidad. Lo que si requiere es un espíritu bondadoso y abnegado y firmeza de propósito. Una luz, por pequeña que sea, si arde siempre, puede servir para encender otras muchas. Nuestra esfera de influencia, nuestras capacidades, oportunidades y adquisiciones podrán parecer limitadas; y sin embargo tenemos posibilidades maravillosas si aprovechamos fielmente las oportunidades que nos brindan nuestros hogares. Si tan solo queremos abrir nuestros corazones y nuestras casas a los divinos principios de la vida, llegaremos a ser canales por los que fluyan corrientes de fuerza vivificante. De nuestros hogares saldrán ríos de sanidad, que llevaran vida, belleza y feracidad donde hoy por hoy todo es aridez y desolación (El ministerio de curación, p. 273).

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NOTAS DE ELENA
LECCIÓN DE ESCUELA SABÁTICA

II TRIMESTRE DEL 2017
Narrado por: Patty Cuyan
Desde: California, USA
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