Notas de Elena | 17 de Junio del 2017 | Temas principales de 1 y 2 de Pedro | Escuela Sabática

TEMAS PRINCIPALES DE 1 Y 2 PEDRO
Cuando la oposición obstinada a la ley de Dios sea casi universal, cuando su pueblo sea oprimido con aflicciones por sus prójimos, Dios se interpondrá. Entonces se oirá la voz desde las tumbas de los mártires, representados por las almas que Juan vio muertas por la Palabra de Dios y por el testimonio de Jesucristo que sostuvieron; entonces ascenderá la oración de cada verdadero hijo de Dios: “Tiempo es de actuar, oh Jehová, porque han invalidado tu ley”.
Serán contestadas las fervientes oraciones de sus hijos, pues a Dios le agrada que los suyos lo busquen de todo corazón y dependan de él como su libertador. Será buscado para que haga etas cosas para los suyos, y él se levantará como su protector y vengador. “¿Acaso Dios no hará justicia a sus escogidos, que claman a él día y noche?” (Comentario bíblico adventista del séptimo día, tomo 6, p. 1081).
“Se me mostró que como pueblo no podemos ser demasiado cuidadosos con la influencia que ejercemos; debemos vigilar cada palabra. Cuando por nuestras palabras o actos nos colocamos en el campo de batalla del enemigo, alejamos de nosotros a los santos ángeles y atraemos a nuestro alrededor a las huestes de ángeles malignos…
Nuestro reino no pertenece a este mundo. Estamos esperando que nuestro Señor venga desde el cielo para someter toda autoridad y poder, y establecer su reino eterno. Las potencias terrenales se encuentran agitadas. No necesitamos, y no podemos esperar unión entre las naciones del mundo. Nuestra posición en la imagen de Nabucodonosor está representada por los dedos de los pies, en estado de división, y de un material deleznable que no puede mantener su cohesión. La profecía nos muestra que el gran día de Dios está sobre nosotros. Se aproxima rápidamente (Testimonios para la iglesia, tomo 1, pp. 321, 322).
Cristo tenía siempre presente el resultado de su misión. Su vida terrenal, tan recargada de penas y sacrificios, era alegrada por el pensamiento de que su trabajo no sería inútil. Dando su vida por la vida de los hombres, iba a restaurar en la humanidad la imagen de Dios. Iba a levantamos del polvo, a reformar nuestro carácter conforme al suyo, y embellecerlo con su gloria.
Cristo vio “del trabajo de su alma” y fue “saciado”. Vislumbró lo dilatado de la eternidad, y vio de antemano la felicidad de aquellos que por medio de su humillación recibirían perdón y vida eterna. Fue herido por sus transgresiones y quebrantado por sus iniquidades. El castigo que les daría paz fue sobre él, y con sus heridas fueron sanados. El oyó el júbilo de los rescatados, que entonaban el canto de Moisés y del Cordero. Aunque había de recibir primero el bautismo de sangre, aunque los pecados del mundo iban a pesar sobre su alma inocente y la sombra de indecible dolor se cernía sobre él, por el gozo que le fue propuesto, escogió sufrir la cruz y menospreció la vergüenza (El ministerio de curación, p. 404).

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NOTAS DE ELENA
LECCIÓN DE ESCUELA SABÁTICA

II TRIMESTRE DEL 2017
Narrado por: Patty Cuyan
Desde: California, USA
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