Notas de Elena | 17 de Mayo del 2017 | Jesús como el Mesías | Escuela Sabática

JESÚS COMO EL MESÍAS
La venida del Salvador había sido predicha en el Edén. Cuando Adán y Eva oyeron por primera vez la promesa, esperaban que se cumpliese pronto. Dieron gozosamente la bienvenida a su primogénito, esperando que fuese el Libertador. Pero el cumplimiento de la promesa tardo. Los que la recibieron primero, murieron sin verlo. Desde los días de Enoc, la promesa fue repetida por medio de los patriarcas y los profetas, manteniendo viva la esperanza de su aparición, y sin embargo no había venido. La profecía de Daniel revelaba el tiempo de su advenimiento, pero no todos interpretaban correctamente el mensaje.
Transcurrió un siglo tras otro, y las voces de los profetas cesaron. La mano del opresor pesaba sobre Israel, y muchos estaban listos para exclamar: “Se han prolongado los días, y fracasa toda visión” (Ezequiel 12:22).
Pero, como las estrellas en la vasta orbita de su derrotero señalado, los propósitos de Dios no conocen premura ni demora. Por los símbolos de las densas tinieblas y el homo humeante, Dios había anunciado a Abrahán la servidumbre de Israel en Egipto, y había declarado que el tiempo de su estada alii abarcaría cuatrocientos años. “Después de esto —dijo Dios—, saldrán con grande riqueza”. Y contra esta palabra se empeñó en vano todo el poder del orgulloso imperio de los faraones.
“En el mismo día” señalado por la promesa divina, “salieron todos los ejércitos de Jehová de la tierra de Egipto”. Así también fue determinada en el concilio celestial la hora en que Cristo había de venir; y cuando el gran reloj del tiempo marco aquella hora, Jesús nació en Belén. “Mas venido el cumplimiento del tiempo, Dios envió a su Hijo”. La Providencia había dirigido los movimientos de las naciones, así como el flujo y reflujo de impulsos e influencias de origen humano, a tal punto que el mundo estaba maduro para la llegada del Libertador. Las naciones estaban unidas bajo un mismo gobierno. Un idioma se hablaba extensamente y era reconocido por doquiera como la lengua literaria.
De todos los países, los judíos dispersos acudían a Jerusalén para asistir a las fiestas anuales, y al volver adonde residían, podían difundir por el mundo las nuevas de la llegada del Mesías (El Deseado de todas las gentes, p. 23).
Tú crees que Jesús era el Hijo de Dios; pero ¿tienes una fe personal respecto a tu propia salvación? ¿Crees que Jesús es tu Salvador, que él murió en la cruz del Calvario para redimirte, que te ha ofrecido el don de la vida eterna si crees en él? ¿Y que es creer? Es aceptar plenamente que Jesucristo murió como nuestro sacrificio; que él se hizo maldición por nosotros, que tomo nuestros pecados sobre sí mismo, y nos imputo su propia justicia. Por eso reclamamos esta justicia de Cristo, creemos en ella, y es nuestra justicia. Él es nuestro Salvador. Nos salva porque dijo que lo haría. ¿Hemos de participar en todas las discusiones en cuanto a cómo puede salvarnos? ¿Tenemos en nosotros mismos la bondad que nos hará mejores y que nos limpiara de las manchas y las tachas del pecado, habilitándonos entonces para acudir a Dios? Nosotros simplemente no podemos hacerlo (Fe y obras, p. 70).

==================
NOTAS DE ELENA
LECCIÓN DE ESCUELA SABÁTICA

II TRIMESTRE DEL 2017
Narrado por: Patty Cuyan
Desde: California, USA
===================
|| www.drministries.org ||
===================

(258)

DEJA UN COMENTARIO

Comentarios

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *

*