Notas de Elena | 19 de Junio del 2017 | ¿ Cómo deberíamos vivir? | Escuela Sabática

¿CÓMO DEBERÍAMOS VIVIR?
Ante los creyentes se presenta la maravillosa posibilidad de llegar a ser semejantes a Cristo, obedientes a todos los principios de la ley de Dios. Pero por sí mismo el hombre es absolutamente incapaz de alcanzar esas condiciones. La santidad, que según la Palabra de Dios debe poseer antes de poder ser salvo, es el resultado del trabajo de la gracia divina sobre el que se somete en obediencia a la disciplina y a las influencias refrendadoras del Espíritu de verdad. La obediencia del hombre puede ser hecha perfecta únicamente por el incienso de la justicia de Cristo, que llena con fragancia divina cada acto de acatamiento. La parte que le toca a cada cristiano es perseverar en la lucha por vencer cada falta. Constantemente debe orar al Salvador para que sane las dolencias de su alma enferma por el pecado. El hombre no tiene la sabiduría y la fuerza para vencer; ellas vienen del Señor, y él las confiere a los que en humillación y contrición buscan su ayuda.
El Espíritu Santo será dado a los que buscan su poder y gracia y ayudará nuestras flaquezas cuando tengamos una audiencia con Dios. El cielo está abierto a nuestras peticiones y se nos invita a ir “confiada-mente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro” (Hebreos 4:16). Debemos ir con fe, creyendo que obtendremos exactamente las cosas que le pedimos (La maravillosa gracia de Dios, p. 217).
El Salvador no vivió para agradarse… No tuvo un hogar en este mundo, solo el que le proveyeron la bondad de sus amigos, y sin embargo, estar en su presencia era el cielo. Día tras día afrontó pruebas y tentaciones, pero no cayó ni se desanimó. Siempre era paciente y alegre, y los afligidos lo saludaban como un mensajero de vida y paz y salud. Su vida no tuvo nada que no fuera puro y noble…
Vivir la vida del Salvador, vencer cada deseo egoísta, cumplir valerosa y alegremente nuestro deber hacia Dios y los que nos rodean, nos hará más que vencedores, y nos preparará para estar ante el gran trono blanco sin mancha ni arruga, con las ropas lavadas en la sangre del Cordero (Reflejemos a Jesús, p. 29).
Cuando comenzamos a comprender que somos pecadores, y caemos sobre la Roca para ser quebrantados, nos rodean los brazos eternos
somos colocados cerca del corazón de Jesús. Entonces seremos cautivados por su belleza y quedaremos disgustados con nuestra propia justicia. Necesitamos acercamos a los pies de la cruz. Mientras más nos humillemos allí, más excelso nos parecerá el amor de Dios. La gracia y la justicia de Cristo no serán de utilidad para el que se siente sano, para el que piensa que es razonablemente bueno, que está contento con su propia condición. No hay lugar para Cristo en el corazón de aquel que no comprende su necesidad de luz y ayuda divinas (Mensajes selectos, tomo 1, p. 384).

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NOTAS DE ELENA
LECCIÓN DE ESCUELA SABÁTICA

II TRIMESTRE DEL 2017
Narrado por: Patty Cuyan
Desde: California, USA
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|| www.drministries.org ||
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