Notas de Elena | 20 de Mayo del 2017 | Ser quien uno es | Escuela Sabática

SER QUIEN UNO ES
¡Qué gran tema es el de la contemplación de la justicia de Dios y nuestro Salvador Jesucristo! El contemplar a Cristo y su justicia no deja lugar para la justificación propia, para la glorificación del yo. No hay lugar para las detenciones en este capítulo. Hay un continuo avance en cada etapa del conocimiento de Cristo. La vida eterna es mediante el conocimiento de Cristo. Jesús dice en su oración: “Esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el unión Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado” (Juan 17:3). Hemos de gloriarnos en Dios… “Por el estáis vosotros en Cristo Jesús, el cual nos ha sido hecho por Dios sabiduría, justificación, salificación y redención; para que, como está escrito: el que se gloria, gloríese en el Señor” (1 Corintios 1:30, 31)…
Hemos sido llamados al conocimiento de Cristo y esto es el conocimiento de la gloria y la virtud. Es un conocimiento de la perfección del carácter divino, manifestado a nosotros en Jesucristo, lo que hace posible que tengamos comunión con Dios. Por las grandes y preciosas promesas hemos de llegar a ser participantes de la naturaleza divina, habiendo escapado de la corrupción que está en el mundo por la concupiscencia (A fin de conocerle, pp. 159, 160).
Cuando nos sometemos al solemne rito del bautismo, damos testimonio ante los ángeles y los hombres de que hemos sido purificados de nuestros antiguos pecados, y de que en adelante, habiendo muerto para el mundo, buscaremos “las cosas de arriba” (Colosenses 3:1). No olvidemos nuestro voto bautismal. Ante la presencia de los tres poderes mas excelsos del cielo —el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo—, hemos prometido hacer la voluntad de aquel que … declare: “Yo soy la resurrección y la vida” (Juan 11:20). Cristo perdona a todo pecador penitente, y cuando el perdonado, después del bautismo se levanta del sepulcro ácueo, es declarado una nueva criatura, cuya vida esta oculta con Cristo en Dios. Recordemos siempre que es nuestro elevado privilegio ser purificados de nuestros antiguos pecados.
Cuando el cristiano toma su voto bautismal, se le promete la ayuda divina. El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo están listos para obrar en beneficio suyo. Dios pone a sus órdenes los recursos del cielo, para que sea un vencedor. Su propio poder es pequeño, pero Dios es omnipotente, y Dios es su ayudador. Diariamente debe dar a conocer sus necesidades al trono de la gratia. Puede ser más que vencedor mediante la fe y la confianza, apropiándose de los recursos provistos para el (Nuestra elevada vocación, p. 159).
La santificación es una obra progresiva… He aquí una conducta en virtud de la cual se nos asegura que nunca caeremos. Los que están así trabajando según el plan de la adición para obtener las gracias de Cristo, tienen la seguridad de que Dios obrara según el plan de la multiplicación al concederles los dones de su Espíritu…
Por la gracia divina, todos los que quieren pueden ascender los brillantes escalones que unen la tierra con el cielo, y por fin “con alegría” y “gozo perpetuo” (Isaías 35:10), entraran por las puertas en la ciudad
de Dios (La edificación del carácter, pp. 93, 94).

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NOTAS DE ELENA
LECCIÓN DE ESCUELA SABÁTICA

II TRIMESTRE DEL 2017
Narrado por: Patty Cuyan
Desde: California, USA
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|| www.drministries.org ||
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