Notas de Elena | 23 de Abril del 2017 | Ser de un mismo sentir | Escuela Sabática

SER “DE UN MISMO SENTIR”
Pedro exhorta de la siguiente manera a los creyentes: “Sed todos de un mismo sentir, compasivos, amándoos fraternalmente, misericordiosos, amigables; no devolviendo mal por mal, ni maldición por maldición, sino por el contrario, bendiciendo, sabiendo que fuisteis llamados para que heredaseis bendición. Porque: El que quiere amar la vida y ver días buenos, refrene su lengua del mal, y sus labios no hablen engaño; apártese del mal, y haga el bien; busque la paz, y sígala. Porque los ojos del Señor están sobre los justos, y sus oídos atentos a sus oraciones; pero el rostro del Señor esta contra aquellos que hacen el mal”.
Cuando el camino recto esta tan claramente delineado, ¿Por qué el pueblo profeso de Dios no anda en él? ¿Por qué no estudian y oran y trabajan con ahínco para ser de un solo pensar? ¿Por qué no procuran tener en sus corazones compasión el uno por el otro, amar a sus hermanos en vez de devolver mal por mal y reproche por reproche? ¿Quién no ama la vida y desea largos días? Sin embargo, ¡Cuán pocos cumplen con las condiciones de refrenar la lengua y guardar los labios de hablar engaño! Pocos están dispuestos a seguir el ejemplo de mansedumbre y humildad del Salvador. Muchos le piden al Señor que los humille, pero no están dispuestos a someterse a la disciplina necesaria. Cuando les llega el momento de prueba y ocurren vejaciones y molestias, el corazón se rebela y la lengua profiere palabras que son como saetas envenenadas o granizo agostador.
La maledicencia es una maldición doble que recae con mayor peso sobre el que la práctica que sobre el que presta oído. El que esparce las semillas de la contienda cosecha los frutos mortíferos dentro de su propia alma. ¡Cuán miserable es el chismoso, el que da lugar a las malas sospechas! Para el, la felicidad es algo ajeno (Testimonios para la iglesia, tomo 5, pp. 164, 165).
Cuanta necesidad hay de cultivar la ternura y la gentileza. Nadie debería avergonzarse por manifestar un espíritu tierno y compasivo con los que yerran; porque los que piensan que no cometen errores están muy lejos de no tener falta alguna delante de Dios. Nadie piense que al manifestar compasión está haciendo algo de lo cual se debería avergonzar (Cada día con Dios, p.19).
Somos justificados por fe. El alma que entiende el significado de estas palabras nunca tendrá suficiencia propia. No somos competentes por nosotros mismos para pensar algo [bueno] de nosotros mismos.
El Espíritu Santo es nuestra eficiencia en la obra de la edificación del carácter, en la formación del carácter a la semejanza divina. Cuando creemos que nosotros mismos somos capaces de dar forma a nuestra propia vida espiritual, cometemos un gran error. Por nosotros mismos nunca podemos conquistar la victoria sobre la tentación. Pero los que tienen fe genuina en Cristo serán impulsados por el Espíritu Santo. El alma en cuyo corazón mora la fe, crecerá hasta ser un bello templo para el Señor. Esa alma es dirigida por la gracia de Cristo. Crecerá solo en la proporción en que dependa de la enseñanza del Espíritu Santo (Comentario bíblico adventista del séptimo día, tomo 6, p. 1109).

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NOTAS DE ELENA
LECCIÓN DE ESCUELA SABÁTICA

II TRIMESTRE DEL 2017
Narrado por: Patty Cuyan
Desde: California, USA
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