Notas de Elena | 24 de Abril del 2017 | Sufrir en la carne | Escuela Sabática

SUFRIR EN LA CARNE

Oh, donde estaría ahora la salvación de la humanidad si Cristo hubiera sido tan débil moralmente como lo es el hombre. Con justa razón todo el cielo se llenó de gozo cuando el príncipe caído, el enemigo vencido, huyo del desierto de la tentación. Cristo tiene el poder del Padre para impartir su gracia y poder divinos al hombre y hacer posible que por su nombre nosotros podamos vencer. Hay muy pocos profesos seguidores de Cristo que eligen enlistarse con él para resistir las tentaciones de Satanás tal como el resistió y venció…
Muchos profesos cristianos consideran esta etapa de la vida de Cristo simplemente como una guerra común entre dos reyes, y no creen que tenga ningún significado especial para su propia vida y carácter. De esta manera, se interesan muy poco en la manera de combate y la maravillosa victoria ganada. Sus poderes de percepción han sido debilitados por las artimañas de Satanás, y no pueden discernir que el que afligió a Cristo en el desierto, afanado por quitarle su integridad como el Hijo del Infinito, será su adversario en el tiempo del fin. Aunque fallo en vencer a Cristo, su poder sobre el hombre no se ha debilitado. Todos están expuestos personalmente a las tentaciones que Cristo venció, pero se les provee la fuerza eh el nombre todopoderoso del gran Vencedor. Todos, individualmente y por sí mismos, deben vencer. Muchos caen bajo las mismas tentaciones con que Satanás ataco a Cristo (Confrontación , p.
63).
Por la fe, al margen de nuestros sentimientos, Jesús, el autor de nuestra salvación, el consumador de nuestra fe, por su preciosa gracia, fortalecerá las facultades morales, y los pecadores pueden considerarse a sí mismos “muertos al pecado, pero vivos para Dios en Cristo Jesús”.
La fe sencilla con el amor de Cristo en el alma, une al creyente con Dios. Mientras se empeña en la batalla como fiel soldado de Cristo, tiene la simpatía de todo el universo leal. Los ángeles ministradores están a su alrededor para ayudarlo en el conflicto, de manera que pueda decir confiado: “El Señor es mi ayudador”, “Jehová es mi fortaleza y mi escudo”; no seré vencido…
La sabiduría y el poder infinitos de Dios son ejercidos en nuestro favor. La hueste celestial está peleando ciertamente nuestras batallas en nuestro favor. Siempre está mirando con vivo interés a las almas compradas por la sangre del Salvador. Por el sacrificio de Cristo aprecian el valor del alma humana. Es siempre seguro estar del lado del Señor, no a medias, sino del todo. Es esta obra tibia, indiferente, descuidada, la que separa vuestras almas de Jesús, la fuente de vuestra fortaleza. Sea esta vuestra oración: “Quítame todo cuanto tengo, déjame sin propiedades, sin honor mundano, sin ninguna cosa, pero que tu presencia me acompañe”. Es seguro encomendar la guarda del alma a Dios, que reina sobre los cielos y la tierra (Testimonios para los ministros, pp. 147, 148).

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NOTAS DE ELENA
LECCIÓN DE ESCUELA SABÁTICA

II TRIMESTRE DEL 2017
Narrado por: Patty Cuyan
Desde: California, USA
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