Notas de Elena | 24 de Mayo del 2017 | Dejar el tabernáculo | Escuela Sabática

DEJAR EL TABERNACULO
La resurrección de Jesús fue una muestra de la resurrección final de todos los que duermen con él. El cuerpo resucitado del Salvador, su semblante, el acento de su voz, eran familiares a sus seguidores. De la misma manera se levantaran los que duermen en Jesús. Conoceremos a nuestros amigos del mismo modo como los discípulos conocieron a Jesús. Pueden haber estado deformados, enfermos o desfigurados en esta vida mortal; no obstante en su cuerpo resucitado y glorificado se conservara perfectamente su identidad individual y reconoceremos, en el rostro radiante con la luz reflejada del rostro de Jesús, los rasgos de los que amamos.
En ocasión de la resurrección de Cristo, unas pocas tumbas fueron abiertas; pero en su segunda venida, todos los preciosos muertos oirán su voz y surgirán a una vida gloriosa e inmortal. El mismo poder que resucito a Cristo de los muertos resucitara a su iglesia y la glorificara con él, por encima de todos los principados y potestades, por encima de todo nombre que se nombra, no solamente en este mundo, sino también en el mundo venidero…
En ningún pasaje de las Santas Escrituras se encuentra la declaración de que los justos reciban su recompensa y los malos su castigo en el momento de la muerte. Los patriarcas y los profetas no dejaron tal seguridad. Ni Cristo ni sus discípulos dejaron insinuación alguna al respecto. La Biblia ensena a las claras que los muertos no van inmediatamente al cielo. Se los representa como si estuvieran durmiendo hasta el día de la resurrección. El día mismo en que se corta el cordón de plata y se quiebra el tazón de oro, perecen los pensamientos de los hombres. Los que bajan a la tumba permanecen en el silencio. Nada saben de lo que se hace bajo el sol, descanso bendito para los exhaustos justos.
Largo o corto el tiempo, no les parecerá más que un momento. Duermen hasta que la trompeta de Dios los despierte para entrar en una gloriosa inmortalidad. ‘Porque sonara la trompeta, y los muertos resucitaran incorruptibles… Porque es necesario que este cuerpo corruptible se revista de incorrupción, y que este cuerpo mortal se haya revestido de inmortalidad, entonces será verificado el dicho que está escrito: ¡Tragada ha sido la muerte victoriosamente!’ En el momento en que sean despertados de su profundo sueno, reanudaran el curso de sus pensamientos interrumpidos por la muerte. La última sensación fue la angustia de la muerte. El último pensamiento era el de que caían bajo el poder del sepulcro. Cuando se levanten de la tumba, su primer alegre pensamiento se expresara en el hermoso grito de triunfo: ¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? ¿dónde está, oh sepulcro, tu victoria?”‘ (The Faith I Live By, pp. 180, 181; parcialmente en La fe por la cual vivo, pp. 182, 183).
Durante su ministerio, Jesús levanto a los muertos dándoles vida. Resucito al hijo de la viuda de Naín, a la hija de Jairo y a Lázaro. Pero ellos no fueron revestidos de inmortalidad. Después de haber sido resucitados, continuaron estando sometidos a la muerte. Pero los que resucitaron en ocasión de la resurrección de Cristo, fueron resucitados para vida eterna. Ellos fueron la multitud de cautivos que ascendieron con Cristo como trofeos de su victoria sobre la muerte y el sepulcro (Mensajes selectos, tomo 1, p. 358).

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NOTAS DE ELENA
LECCIÓN DE ESCUELA SABÁTICA

II TRIMESTRE DEL 2017
Narrado por: Patty Cuyan
Desde: California, USA
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