Notas de Elena 24 | Jueves 24 de noviembre 2016 | Imágenes de esperanza | Escuela Sabática


Jueves 24 de noviembre: Imágenes de esperanza

Hay quienes han conocido el amor perdonador de Cristo y desean realmente ser hijos de Dios; sin embargo, reconocen que su carácter es imperfecto y su vida defectuosa, y están propensos a dudar de que sus corazones hayan sido regenerados por el Espíritu Santo. A los tales quiero decirles que no se abandonen a la desesperación. Tenemos a menudo que postramos y llorar a los pies de Jesús por causa de nuestras culpas y errores; pero no debemos desanimamos. Aun si somos vencidos por el enemigo, no somos arrojados, ni abandonados, ni rechazados por Dios. No; Cristo está a la diestra de Dios e intercede por nosotros. Dice el discípulo amado: “Estas cosas os escribo, para que no pequéis. Y si alguno pecare, abogado tenemos para con el Padre, a saber, a Jesucristo el Justo” (1 S. Juan 2:1). Y no olvidéis las palabras de Cristo: “Porque el Padre mismo os ama” (S. Juan 16:27). Él quiere que os reconciliéis con él, quiere ver su pureza y santidad reflejadas en vosotros. Y si tan solo queréis entregaros a él, el que comenzó en vosotros la buena obra la perfeccionará, hasta el día de Jesucristo. Orad con más fervor; creed más plenamente. A medida que desconfiemos de nuestra propia fuerza, confiaremos en el poder de nuestro Redentor, y luego alabaremos a Aquel que es la salud de nuestro rostro (El camino a Cristo, p. 65).

A veces, cuando veo una nube en el cielo, exclamo involuntariamente: “Ven, Señor Jesús; ven pronto”. Tiempos como éste revelarán el carácter de cada cual. Anhelo ver quebrantado el poder engañoso del enemigo. Pero no permitamos que nuestra fe falle. El único verdadero consuelo que encuentro consiste en mirar más allá del conflicto y contemplar el triunfo final, la gloria de Dios que refleja su resplandor sobre los vencedores. La profecía señala con certeza el resultado final del conflicto, y por fe lo podemos ver…

El poder restrictivo del Espíritu de Dios se está retirando de la tierra. Nuestra obra tiene que terminar pronto. Deberíamos hacer todos los esfuerzos posibles para salvar a las almas de la muerte. Dentro de poco el Señor Dios del cielo establecerá su reino, que no será destruido. Ha llegado el momento de desarrollar un carácter puro y celestial. La obra aumentará en fervor e intensidad hasta el mismo fin. Necesitamos que nuestra fe aumente. Debemos velar en oración (Cada día con Dios, p. 198).

Pronto apareció la gran nube blanca sobre la que reposaba el Hijo del hombre. Cuando apareció primero a la distancia parecía muy pequeña. El ángel dijo que era la señal del Hijo del hombre. Cuando se acercó a la tierra pudimos contemplar la excelsa gloria y la majestad de Jesús que avanzaba como vencedor. Una comitiva de ángeles ceñidos de brillantes coronas lo escoltaba en su camino.

No hay palabras para describir la magnificencia de este espectáculo. Cuando se acercó la nube viviente de insuperable gloria y majestad, pudimos contemplar con nitidez la amable figura de Jesús. No llevaba una corona de espinas; ceñía su santa frente en cambio una corona de gloria. Sobre sus vestidos y su muslo había un nombre escrito: Rey de reyes y Señor de señores. Su rostro resplandecía más que el sol al mediodía, sus ojos eran como llama de fuego y sus pies tenían el aspecto del bronce bruñido. Su voz tenía el sonido de numerosos instrumentos musicales. La tierra tembló delante de él; los cielos se desvanecieron como un pergamino que se enrolla, y todo monte y toda isla se removió de su lugar (La historia de la redención, pp. 430, 431).

Viernes 25 de noviembre: Para estudiar y meditar

El conflicto de los siglos, pp. 693-710.

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