Notas de Elena | 25 de Abril del 2017 | Nacidos de nuevo | Escuela Sabática

NACIDOS DE NUEVO
Es el pecado lo que entenebrece nuestras mentes y opaca nuestras percepciones. Según se va eliminando el pecado de nuestros corazones, la luz del conocimiento de la gloria de Dios en el rostro de Jesucristo que ilumina su Palabra y se refleja en la faz de la naturaleza, mas y mas lo declarara ser “misericordioso y piadoso; tardo para la ira, y grande en misericordia y verdad” (Éxodo 34:6).
En su luz veremos nosotros la luz, hasta que mente, corazón y alma sean transformados a la imagen de su santidad…
Mientras más contemplamos su bondad, su misericordia y su amor, más clara se hará la percepción de la verdad; y más sublime y santo el deseo por la pureza del corazón y la claridad del pensamiento. El alma que mora en la atmosfera del pensamiento sano, será transformada por su relación con Dios mediante el estudio de su Palabra. La verdad es tan inmensa, de tan largo alcance, tan profunda y amplia, que en el la se pierde de vista el yo. El corazón se enternece y se somete a la humildad, la bondad y el amor (Testimonios para la iglesia, tomo 8, pp. 335, 336).
Las verdades de la Palabra de Dios son la expresión del Altísimo. El que convierte esas verdades en parte de su vida llega a ser en todo sentido una nueva criatura. No recibe nuevas facultades mentales; en cambio, desaparecen las tinieblas que debido a la ignorancia y el pecado entenebrecían su entendimiento. “te daré un corazón nuevo” quiere decir: “Te daré una mente nueva”. Al cambio de corazón acompaña siempre una clara convicción del deber cristiano, y la comprensión de la verdad. El que con oración da atención estricta a las Escrituras tendrá conceptos claros y juicios sanos, como si al volverse hacia Dios hubiera alcanzado un piano superior de inteligencia…
La lectura de las Escrituras hace brillar la luz en medio de las tinieblas.
Cuando se escudriña la Palabra de Dios, se encuentran verdades vivificadoras. En la vida de aquellos que siguen sus enseñanzas habrá un corriente invisible de felicidad que beneficiara a todos aquellos con
quienes lleguen a relacionarse…
Millares han tornado al Señor como ejemplo, y al contemplarlo se transformaron a su imagen. Su espíritu arde en su interior cuando hablan de su carácter y revelan lo que Cristo hizo por ellos y cuanto
significan para el (Mi vida hoy, p. 24).
El amor que Cristo infunde en todo nuestro ser es un poder vivificante. Da salud a cada una de las partes vitales: el cerebro, el corazón y los nervios. Por su medio las energías más potentes de nuestro ser despiertan y entran en actividad. Libra al alma de culpa y tristeza, de la ansiedad y congoja que agotan las fuerzas de la vida. Con el vienen la serenidad y la calma. Implanta en el alma un gozo que nada en la tierra puede destruir: el gozo que hay en el Espíritu Santo, un gozo que da salud y vida.
Las palabras de nuestro Salvador: “Venid a mí . . . que yo os hare descansar” (Mateo 11:28), son una receta para curar las enfermedades físicas, mentales y espirituales. A pesar de que por su mal proceder los hombres han atraído el dolor sobre sí mismos, Cristo se compadece de ellos. En él pueden encontrar ayuda. Hará cosas grandes en beneficio de quienes en el confíen (El ministerio de curación , p. 78).
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NOTAS DE ELENA
LECCIÓN DE ESCUELA SABÁTICA
II TRIMESTRE DEL 2017
Narrado por: Patty Cuyan
Desde: California, USA
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