Notas de Elena | 25 de Mayo del 2017 | Fe frente a la muerte | Escuela Sabática

FE FRENTE A LA MUERTE
Pedro, judío y extranjero, fue condenado a ser azotado y crucificado. Mientras esperaba su temible muerte, el apóstol recordó su gran pecado al negar a Jesús en la hora de su prueba, y su único pensamiento era que no era digno del inmenso honor de morir tal como murió su Maestro. Se había arrepentido sinceramente de su pecado, y Cristo se lo había perdonado, lo que queda de manifiesto por la importante comisión que le dio de alimentar a las ovejas y los corderos del rebano. Pero el mismo nunca se pudo perdonar. Ni siquiera el pensamiento de las agonías de la última terrible escena podían aminorar la amargura de su pesar y su arrepentimiento. Como un último favor solicito a sus verdugos que lo clavaran en la cruz cabeza abajo. Se le concedió lo que pedía y así murió el gran apóstol Pedro (La historia de la redención, p. 331).
La venida del Señor ha sido en todo tiempo la esperanza de sus verdaderos discípulos. La promesa que hizo el Salvador al despedirse en el Monte de los Olivos, de que volvería, ilumino el porvenir para sus discípulos al llenar sus corazones de una alegría y una esperanza que las penas no podían apagar ni las pruebas disminuir. Entre los sufrimientos y las persecuciones, “el aparecimiento en gloria del gran Dios y Salvador nuestro, Jesucristo” era la “esperanza bienaventurada”.
Cuando los cristianos de Tesalónica, agobiados por el dolor, enterraban a sus amados que habían esperado vivir hasta ser testigos de la venida del Señor, Pablo, su maestro, les recordaba la resurrección, que había de verificarse cuando viniese el Señor. Entonces los que hubiesen muerto en Cristo resucitarían, y juntamente con los vivos serian arrebatados para recibir a Cristo en el aire. “Y así —dijo— estaremos siempre con el Señor. Consolaos pues los unos a los otros con estas palabras” (1 Tesalonicenses 4:16-18).
En la peñascosa isla de Patmos, el discípulo amado oyó la promesa: “Ciertamente, vengo en breve”. Y su anhelante respuesta expresa la oración que la iglesia exhalo durante toda su peregrinación: “¡Ven, Señor Jesús!” (Apocalipsis 22:20) (El conflicto de los siglos , p. 304).
Puede ser áspero el camino, y la cuesta empinada; tal vez haya trampas a la derecha y a la izquierda; quizá tengamos que sufrir penosos trabajos en nuestro viaje; puede ser que cuando estemos cansados y
anhelemos descanso, tengamos que seguir avanzando; que cuando nos consuma la debilidad, tengamos que luchar; o que cuando estemos desalentados, debamos esperar aún; pero con Cristo como guía, no dejaremos de llegar al final anhelado puerto de reposo. Cristo mismo recorrió la vía áspera antes que nosotros y allano el camino para nuestros pies.
A lo largo del áspero camino que conduce a la vida eterna hay también manantiales de gozo para refrescar a los fatigados. Los que andan en las sendas de la sabiduría se regocijan en gran manera, aun en la tribulación; porque Aquel a quien ama su alma marcha invisible a su lado. A cada paso hacia arriba disciernen con más claridad el toque de su mano; vividos fulgores de la gloria del Invisible alumbran su senda; y sus himnos de loor, entonados en una nota aún más alta, se elevan para unirse con los canticos de los ángeles delante del trono. “La senda de los justos es como la luz de la aurora, que va en aumento hasta que el día es perfecto” (Proverbios 4:18) (El discurso maestro de Jesucristo,
pp. 118, 119).

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NOTAS DE ELENA
LECCIÓN DE ESCUELA SABÁTICA

II TRIMESTRE DEL 2017
Narrado por: Patty Cuyan
Desde: California, USA
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|| www.drministries.org ||
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1 Comment

  • Therlow A. Harper 3 weeks ago

    ¿Es posible que ustedes pudieran enviarme al inicio de cada semana todas las “Notas de Elena de White” para esa semana en Word?
    Acostumbro anexar las “Notas de Elena de White” de cada día en mi lección de Escuela Sabática. Por eso necesito que el envío sea en Word.
    Gracias de antemano por lo que puedan hacer para suplir esa mi necesidad
    Therlow A. Harper