Notas de Elena | 28 de Marzo del 2017 | Caminar sobre el agua | Escuela Sabática


CAMINAR SOBRE EL AGUA
En la hora de mayor necesidad, cuando el desaliento quiera abrumar el alma, es cuando el vigilante ojo de Jesús vera que necesitamos su ayuda. La hora de la necesidad humana es la hora de la oportunidad de Dios. Cuando todo apoyo humano fracasa, entonces Jesús acude en nuestro auxilio, y su presencia despeja las tinieblas y disipa la nube de lobreguez.
En su barquichuelo, sobre el mar de Galilea, en medio de la tempestad y las tinieblas, los discípulos luchaban para alcanzar la orilla, pero todos sus esfuerzos eran infructuosos. Cuando la desesperación se estaba apoderando de ellos, vieron a Jesús que andaba sobre las ondas espumosas. Pero al principio no reconocieron la presencia de Cristo, y su terror aumento hasta que su voz diciendo: “Yo soy, no temáis” (Juan 6:29), disipo sus temores y les infundio esperanza y gozo. Entonces, ¡cuán voluntariamente los pobres y cansados discípulos cesaron en sus esfuerzos y lo confiaron todo al Maestro!
Este sorprendente incidente ilustra la experiencia de los que siguen a Cristo. ¡Con cuanta frecuencia nos aferramos a los remos, como si nuestra propia fuerza y sabiduría bastaran, hasta que encontramos inútiles nuestros esfuerzos. Entonces, con manos temblorosas y fuerza desfalleciente, entregamos el trabajo a Jesús y confesamos que no podemos cumplirlo. Nuestro misericordioso Redentor se compadece de nuestra debilidad; y cuando, en respuesta al clamor de la fe, el asume la obra que le pedimos que haga, ¡cuán fácilmente realiza lo que nos parecía tan difícil! (Testimonios para la iglesia, tomo 4, pp. 521, 522).
Necesitamos educar el alma para que tome y retenga las ricas promesas de Dios. El Señor Jesús sabe que no es posible para nosotros resistir las muchas tentaciones de Satanás sin recibir el poder divino que Dios nos da. Él sabe que si confiamos en nuestra propia fortaleza humana, fracasaremos. Por lo tanto, ha sido tomada toda provisión, para que en cada emergencia y prueba acudamos a la fortaleza… Hemos recibido la promesa de labios que no mienten… Debemos tener fe individualmente para recibir de él las cosas que ha prometido (Nuestra elevada vocación, p. 133).
El mayor peligro del hombre es el engaño propio, el agrado de la autosuficiencia, lo cual lo separa de Dios, la fuente de su poder.
Nuestras tendencias naturales, a menos que sean corregidas por el Espíritu Santo de Dios, llevan dentro de ellas las semillas de la muerte moral. A no ser que tengamos una conexión vital con Dios, no podremos resistir los efectos no consagrados del amor propio, la complacencia propia y la tentación a pecar.
Para recibir la ayuda de Cristo, tenemos que darnos cuenta de nuestra necesidad. Debemos tener un conocimiento verdadero de nosotros mismos. Cristo puede salvar solo a aquel que se reconoce como pecador. Únicamente al ver nuestra completa impotencia y al abandonar toda confianza en nosotros mismos podremos asirnos del poder divino (Testimonios para la iglesia, tomo 8, pp. 330).

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NOTAS DE ELENA
LECCIÓN DE ESCUELA SABÁTICA

II TRIMESTRE DEL 2017
Narrado por: Patty Cuyan
Desde: California, USA
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