Notas de Elena | 3 de Julio del 2017 | El llamado de Pablo | Escuela Sabática

EL LLAMADO DE PABLO
La conversión de Saulo es una impresionante evidencia del poder milagroso del Espíritu Santo para convencer de pecado a los hombres. El había creído en verdad que Jesús de Nazaret menosprecio la ley de Dios, y que enseñó a sus discípulos que ella no estaba en vigor. Pero después de su conversión, Saulo reconoció a Jesús como Aquel que había venido al mundo con el expreso propósito de vindicar la ley de su Padre. Estaba convencido de que Jesús era el originador de todo el sistema judío de los sacrificios. Vio en la crucifixión el tipo, que se había encontrado con la realidad simbolizada; que Jesús había cumplido las profecías del Antiguo Testamento concernientes al Redentor de Israel.
En el relato de la conversión de Saulo se nos dan importantes principios que deberíamos tener siempre presentes. Saulo fue puesto directamente en presencia de Cristo. Era uno a quien Cristo había destinado a una obra importantísima, uno que había de ser “instrumento escogido” (Los hechos de los apóstoles, p. 98).
[Bernabé] creyó plenamente que Pablo decía la verdad, lo recibió, y lo llevo de la mano a la presencia de los apóstoles. Relato entonces el incidente que acababa de escuchar, es a saber, que Jesús había aparecido personalmente ante Pablo mientras este se encontraba en camino a Damasco. Que había hablado con él; que Pablo había recobrado la vista en respuesta a las oraciones de Ananías, y que de alii en adelante había sostenido en las sinagogas de esa ciudad que Jesús era el Hijo de Dios.
Los apóstoles no vacilaron más; no podían oponerse a Dios. Pedro y Santiago, que en ese momento eran los únicos apóstoles que quedaban en Jerusalén, le tendieron la diestra de la comunión al que había sido fiero perseguidor de su fe; y ahora fue tan amado y respetado como antes había sido temido y evitado. Entonces se reunieron los dos grandes personajes de la nueva fe, es a saber, Pedro, uno de los compañeros elegidos de Cristo mientras estuvo en la tierra, y Pablo, el fariseo, que después de la ascensión de Jesús lo vio cara a cara y hablo con él, y también lo vio en visión y se enteró de la naturaleza de su obra en el cielo…
Pronto la voz que había disputado tan vigorosamente con Esteban se escuchó en la misma sinagoga mientras proclamaba osadamente que Jesús era el Hijo de Dios, abogando de ese modo por la misma causa que Esteban había muerto por vindicar. Relato su propia maravillosa experiencia, y con el corazón lleno de ansiedad por sus hermanos y ex asociados, presento las evidencias de las profecías, tal como lo había hecho Esteban, de que Jesús, el que había sido crucificado, era el Hijo de Dios (La historia de la redención, pp. 90, 91).
No permitáis que hombre alguno venga a vosotros y comience a disecar la Palabra de Dios diciendo que es revelación, que es inspiración, y que no lo es, sin que lo reprendáis. Decid a todos esos sencillamente que no saben, que no son capaces de comprender las cosas del misterio de Dios. Lo que deseamos es inspirar fe. No deseamos que nadie diga: “Esto quiero rechazar y esto quiero recibir”, sino queremos tener fe implícita en la Biblia en conjunto y tal como es (Comentarios de Elena G. de White en Comentario bíblico adventista del séptimo día, t. 7, p. 931).

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NOTAS DE ELENA
LECCIÓN DE ESCUELA SABÁTICA

III TRIMESTRE DEL 2017
Narrado por: Patty Cuyan
Desde: California, USA
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