Notas de Elena | 4 de Abril del 2017 | Temas centrales


TEMAS CENTRALES
Desde los días de la eternidad, el Señor Jesucristo era uno con el Padre; era “la imagen de Dios”, la imagen de su grandeza y majestad, “el resplandor de su gloria”. Vino a nuestro mundo para manifestar esta gloria. Vino a esta tierra obscurecida por el pecado para revelar la luz del amor de Dios, para ser “Dios con nosotros”. Por lo tanto, fue profetizado de el: “Y será llamado su nombre Emmanuel”.
Al venir a morar con nosotros, Jesús iba a revelar a Dios tanto a los hombres como a los ángeles. Él era la Palabra de Dios: el pensamiento de Dios hecho audible. En su oración por sus discípulos, dice: “Yo les he manifestado tu nombre” —”misericordioso y piadoso; tardo para la ira, y grande en benignidad y verdad”—, “para que el amor con que me has amado, este en ellos, y yo en ellos”. Pero no solo para sus hijos nacidos en la tierra fue dada esta revelación. Nuestro pequeño mundo es un libro de texto para el universo El maravilloso y misericordioso propósito de Dios, el misterio del amor redentor, es el tema en el cual “desean mirar los ángeles”, y será su estudio a través de los siglos sin fin. Tanto los redimidos como los seres que nunca cayeron hallaran en la cruz de Cristo su ciencia y su canción. Se verá que la gloria que resplandece en el rostro de Jesús es la gloria del amor abnegado (El Deseado de todas las gentes, p. 11).
Pedro escribió eso a los creyentes en un tiempo de pruebas especiales para la iglesia. Muchos eran participantes de los sufrimientos de Cristo y pronto la iglesia habría de pasar por un periodo de terrible persecución.
En el plazo de unos pocos años muchos de los que se habían ocupado como maestros y dirigentes de la iglesia habrían de sacrificar sus vidas por el evangelio. Pronto lobos crueles penetrarían, no perdonando el rebaño. Pero ninguna de esas cosas debía desalentar a aquellos cuyas esperanzas se cifraban en Cristo. Con palabras de aliento Pedro dirigió las mentes de los creyentes de las pruebas presentes y escenas futuras de sufrimiento a “una herencia incorruptible, y que no puede contaminarse, ni marchitarse”. “El Dios de toda gratia —oro fervientemente Pedro—, que nos ha llamado a su gloria eterna por Jesucristo, después que hubiereis un poco de tiempo padecido, el mismo os perfeccione, confirme, corrobore y establezca., A él sea gloria e imperio para siempre. Amen” (Hechos de los apóstoles, p. 421).
La iglesia necesita ser engendrada otra vez en una esperanza viva “por la resurrección de Jesucristo de los muertos, para una herencia incorruptible, incontaminada e inmarcesible” (1 Pedro 1:3, 4). Cuando la iglesia se despierte a la comprensión de lo que debe hacerse en nuestro mundo, los miembros tendrán afán por las almas de los que no conocen a Dios y que, en su ignorancia espiritual, no pueden comprender la verdad para este tiempo. La abnegación y el sacrificio del yo han de entretejerse en toda nuestra experiencia. Hemos de orar y velar en oración para que no haya inconsistencia en nuestra vida. No debemos dejar de mostrar a otros que comprendemos que velar y orar significa vivir nuestras oraciones ante Dios, para que pueda contestarlas (Mensajes selectos, tomo 1, p. 136).

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NOTAS DE ELENA
LECCIÓN DE ESCUELA SABÁTICA

II TRIMESTRE DEL 2017
Narrado por: Patty Cuyan
Desde: California, USA
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