Notas de Elena | 9 de Julio del 2017 | La importancia de la unidad | Escuela Sabática

LA IMPORTANCIA DE LA UNIDAD
Cuando se presenta un testimonio del Señor dirigido a alguna persona que yerra, a menudo se hace la pregunta: “¿Quién se lo dijo a la Hna. White?” Eso debió haber ocurrido en los días de Pablo, puesto que alguien tuvo que haber tenido en su corazón el interés por la iglesia para presentarle al apóstol, el ministro señalado por Dios, los peligros de los miembros de la iglesia que amenazaban su prosperidad. Existe un tiempo para hablar y un tiempo para guardar silencio. Por supuesto, algo debe hacerse, y el ministro señalado por el Señor no debe dejar de hacer su obra para corregir estos males.
Ahora bien, estos males existían, y Pablo tenía una obra que hacer para corregirlos… Sabemos que a Pablo se le había presentado el estado de las iglesias.
Dios le había dado luz y conocimiento con respecto al orden que debía mantenerse en las iglesias, los males que se levantarían, y que debían ser corregidos y tratados con firmeza en proporción a su agravante carácter. El Señor le había revelado a Pablo la pureza, la devoción y la piedad que debían mantenerse en la iglesia, y las cosas que aparecían contrarias a ese estado el debía reprobarlas de acuerdo con la luz que Dios le había dado (Mensajes selectos, t. 3, p. 71).
Dios ha puesto en la iglesia, como sus ayudadores señalados, hombres de diversos talentos, para que por la sabiduría combinada de muchos, pueda cumplirse la voluntad del Espíritu. Los hombres que proceden de acuerdo con sus propios rasgos fuertes de carácter, y rehúsan llevar el yugo con otros que han tenido larga experiencia en la obra de Dios, llegaran a cegarse por la confianza propia y a incapacitarse para discernir entre lo falso y lo verdadero. No es seguro elegir a los tales como dirigentes de la iglesia; porque seguirían su propio juicio y plan, sin importarles el juicio de sus hermanos.
Es fácil para el enemigo trabajar por medio de aquellos que, necesitando consejo ellos mismos a cada paso, asumen el cuidado de las almas por su propia fuerza, sin haber aprendido la humildad de Cristo.
Las impresiones solas no son una guía segura del deber. A menudo el enemigo induce a los hombres a creer que es Dios quien los guía, cuando en realidad están siguiendo solo el impulso humano.
Pero si vigilamos cuidadosamente, si consultamos a nuestros hermanos, se hará comprender la voluntad del Señor; porque la promesa es: “Encaminara a los humildes por el juicio, y ensenara a los mansos su carrera” (Salmos 25:9) (Los hechos de los apóstoles, p. 226).
Si nuestra voluntad está dirigida por Cristo, ¿cómo podremos discrepar con nuestros hermanos? Si ello ocurre, es evidente que el yo tiene que ser crucificado. Aquel a quien Cristo otorga libertad es verdaderamente libre. No estamos completos en Cristo a menos que nos amemos como el Señor nos amó. Cuando lo hagamos, tal como Cristo nos lo ordeno, daremos evidencias de que estamos completos
en el (Cada día con Dios , p. 260).

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NOTAS DE ELENA
LECCIÓN DE ESCUELA SABÁTICA

III TRIMESTRE DEL 2017
Narrado por: Patty Cuyan
Desde: California, USA
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