Notas de Elena | Domingo 1 de enero 2017 | El Espíritu Santo y la revelación | Escuela Sabática


Domingo 1 de enero: El Espíritu Santo y la revelación
Acerca de nuestra Biblia podríamos preguntar: ¿Por qué se necesita de Mateo, Marcos, Lucas y Juan en los Evangelios, por qué necesitan tratar las mismas cosas los Hechos de los Apóstoles y los diversos autores de las epístolas?
El Señor dio su Palabra justamente en la forma en que quería que viniera. La dio mediante diferentes autores, cada uno con su propia individualidad, aunque trataron el mismo relato. Sus testimonios se reúnen en un Libro y son como los testimonios en una reunión social. No representan las cosas justamente en el mismo estilo. Cada uno tiene su propia experiencia, y esta diversidad amplía y profundiza el conocimiento que es presentado para suplir las necesidades de diversas mentes. Los pensamientos expresados no tienen una uniformidad establecida, como si hubieran sido vertidos en un molde de hierro, haciendo monótono el oírlos. En una uniformidad tal, habría una pérdida de gracia y de belleza peculiar […].
El Creador de todas las ideas puede impresionar a diferentes mentes con el mismo pensamiento, pero cada una puede expresarlo de una manera diferente, y sin embargo sin contradicción. El hecho de que existan esas diferencias no debiera dejamos perplejos o confundidos. Es muy raro que dos personas vean y expresen la verdad de la misma manera. Cada una se ocupa de puntos particulares que su idiosincrasia y educación la capacitan para apreciar. La luz solar que cae sobre diferentes objetos, les da matices diferentes.
Mediante la inspiración de su Espíritu, el Señor dio la verdad a sus apóstoles, para que la expresaran de acuerdo con su mentalidad mediante el Espíritu Santo {Mensajes selectos, tomo 1, p. 25).
La Palabra de Dios y sus obras contienen el conocimiento de sí mismo que él ha decidido revelarnos. Podemos entender la revelación que él así nos ha dado de sí mismo. Pero es con temblor y temor, y con un sentido de nuestra propia pecaminosidad, como debemos emprender este estudio; no con un deseo de tratar de explicar a Dios, sino de obtener el conocimiento que nos habilitará para servirle más aceptablemente.
Que nadie se aventure a explicar a Dios. Los seres humanos no pueden explicarse ellos mismos, y ¿cómo entonces se atreven a explicar al Omnisciente? Satanás está listo para dar a los tales falsos conceptos de Dios.
A los curiosos tengo que decirles que Dios me ha instruido referente a no fraguar respuestas a las preguntas de los que se inquietan con relación a lo que no se ha revelado. Las cosas reveladas son para nosotros y para nuestros hijos. Más allá de esto, los seres humanos no deben intentar aventurarse. No debemos tratar de explicar lo que Dios no ha revelado. Debemos estudiar la revelación que Cristo, el Gran Maestro, ha dado del carácter de Dios, para que en espíritu, palabra y obra lo podamos representar ante quienes no lo conocen {El ministerio médico, p. 119).

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