Domingo 1 de marzo: El misterio de Dios
Cristo asumió la humanidad a un costo infinito mediante un proceso penoso y misterioso tanto para los ángeles como para los hombres. Ocultando su divinidad y dejando a un lado su gloria, nació como un niño de Belén. En carne humana vivió la ley de Dios, a fin de condenar el pecado en la carne, y confirmar ante las inteligencias celestiales que la ley fue establecida para proporcionar vida y asegurar la felicidad, la paz y el bien eterno de todos los que obedecen…
Este es el misterio de la piedad, que alguien igual al Padre revistiera su dignidad con humanidad, y colocando a un lado toda la gloria correspondiente a su oficio como Comandante del cielo, descendiera paso a paso en el sendero de la humillación, soportando un oprobio cada vez mayor. Sin pecado ni contaminación, compareció ante el tribunal para ser juzgado, para que su caso fuera investigado y sentenciado por la misma nación a la cual había venido a librar de la esclavitud. Se rechazó y condenó al Señor de la gloria, y aun más, se escupió sobre él. Manifestando desprecio por lo que consideraban ser pretensiones, hubo hombres que le golpearon en el rostro. Estas mismas personas habrán de clamar un día a las rocas y a las montañas que caigan sobre ellos y los oculten de la ira del Cordero.
Pilato declaró a Cristo inocente, manifestando que no había encontrado falta en él. Con todo, a fin de agradar a los judíos, ordenó que lo azotaran y entonces lo entregó, lastimado y sangrante, para sufrir la cruel muerte por crucifixión. La Majestad del cielo fue conducida como cordero al matadero, y entre burlas, escarnio y acusaciones ridículas y falsas, fue clavado en la cruz. La multitud, en cuyos corazones el sentimiento de humanidad parecía haber muerto, trató de agravar los crueles sufrimientos del Hijo de Dios mediante injurias. Pero así como una oveja permanece muda delante de sus trasquiladores, de la misma manera él no abrió su boca. Estaba dando su vida por la vida del mundo, para que todo aquel que creyera en él no pereciera (Alza tus ojos, p. 88).
En la Palabra de Dios hay profundos misterios que las mentes que no están ayudadas por el Espíritu de Dios serán incapaces de descubrir. También hay insondables misterios en el plan de la redención que las mentes finitas jamás podrán comprender. Los jóvenes inexpertos deberían ejercitar sus mentes y sus capacidades para poder entender los asuntos que son revelados. Porque, a menos que posean mayor luz espiritual que ahora, les llevará toda una vida aprender la voluntad revelada de Dios. Cuando hayan recibido la luz y hagan un uso práctico de ella estarán listos para dar un paso adelante. La providencia de Dios es una escuela continua en la que él siempre guía a los hombres para que vean los verdaderos objetivos de la vida. Ninguno es demasiado joven o demasiado viejo para aprender en esta escuela prestando diligente atención a las lecciones que enseña el divino Maestro. Él es el Pastor verdadero, y llama a sus ovejas por su nombre. Los vagabundos oyen su voz que dice: “Este es el camino, síguelo” (Testimonios para la iglesia, t. 4, p. 436).
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