Notas de Elena | Domingo 13 de noviembre 2016 | La protesta de Job | Escuela Sabática


Domingo 13 de noviembre: La protesta de Job
Nadie tiene por qué entregarse al desaliento ni a la desesperación. Puede Satanás presentarse a ti, insinuándote desapiadadamente: “Tu caso es desesperado. No tienes redención”. Hay sin embargo esperanza en Cristo para ti. Dios no nos exige que venzamos con nuestras propias fuerzas. Nos invita a que nos pongamos muy junto a él. Cualesquiera que sean las dificultades que nos abrumen y que opriman alma y cuerpo, Dios aguarda para libertamos.
El que se humanó sabe simpatizar con los padecimientos de la humanidad. No solo conoce Cristo a cada alma, así como sus necesidades y pruebas particulares, sino que conoce todas las circunstancias que irritan el espíritu y lo dejan perplejo. Tiende su mano con tierna compasión a todo hijo de Dios que sufre. Los que más padecen reciben mayor medida de su simpatía y compasión. Le conmueven nuestros achaques y desea que depongamos a sus pies nuestras congojas y nuestros dolores, y que allí los dejemos.
No es prudente que nos miremos a nosotros mismos y que estudiemos nuestras emociones. Si lo hacemos, el enemigo nos presentará dificultades y tentaciones que debiliten la fe y aniquilen el valor. El fijamos por demás en nuestras emociones y ceder a nuestros sentimientos es exponemos a la duda y enredamos en perplejidades. En vez de miramos a nosotros mismos, miremos a Jesús. Cuando las tentaciones os asalten, cuando los cuidados, las perplejidades y las tinieblas parezcan envolver vuestra alma, mirad hacia el punto en que visteis la luz por última vez.
Descansad en el amor de Cristo y bajo su cuidado protector. Cuando el pecado lucha por dominar en el corazón, cuando la culpa oprime al alma y carga la conciencia, cuando la incredulidad anubla el espíritu, acordaos de que la gracia de Cristo basta para vencer al pecado y desvanecer las tinieblas. Al entrar en comunión con el Salvador entramos en la región de la paz (El ministerio de curación, pp. 192, 193).
Cristo se identifica con la humanidad sufriente e inculca claramente en todos nosotros la verdad de que la indiferencia o la injusticia hechas al menor de sus santos son hechas a él. Aquí está el lado del Señor, y cualquiera que esté en el lado del Señor, que venga con nosotros. El amado Salvador es herido cuando herimos a uno de sus humildes santos.
El justo Job se lamenta por sus aflicciones y defiende su causa cuando es acusado injustamente por uno de sus consoladores. Dice: “Yo era ojos al ciego, y pies al cojo. A los menesterosos era padre, y de la causa que no entendía, me informaba con diligencia; y quebrantaba los colmillos del inicuo, y de sus dientes hacía soltar la presa” (Job 29:15-17) (Testimonios para la iglesia, t. 3, p. 568).
Escuela Sabática | Lección 8 | Para el 19 de noviembre de 2016 | Sangre Inocente | El libro de Job | Cuarto trimestre 2016 | Guía de Estudio de la Biblia – Maestros – Alumnos | Iglesia Adventista del Séptimo Día

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