Notas de Elena | Domingo 18 de diciembre 2016 | El hombre de Uz | Escuela Sabática
Domingo 18 de diciembre: El hombre de Uz


Que los padres aprendan del hombre de Uz una lección de constancia y devoción. Job no descuidaba su deber hacia los que no pertenecían a su familia; era benévolo, amable, considerado con los intereses de los demás; y al mismo tiempo trabajaba fervientemente por la salvación de su propia familia (Hijos e hijas de Dios, p. 260). El altruismo, principio básico del reino de Dios, concita el odio de Satanás, que niega hasta su misma existencia. Desde el comienzo del gran conflicto ha tratado de demostrar que los principios que constituyen el fundamento de la actividad divina son egoístas, y califica del mismo modo a todos los que sirven a Dios. La obra de Cristo y la de todos los que llevan su nombre consiste en refutar las acusaciones de Satanás. Jesús vino en forma humana para ofrecer en su propia vida un ejemplo de altruismo. Y todos los que aceptan este principio deben ser colaboradores con él, demostrándolo en la vida práctica. Escoger la justicia por la justicia misma; ponerse de parte de la verdad aunque cueste sufrimiento y sacrificio, “ésta es la herencia de los siervos de Jehová, y su salvación de mí vendrá, dijo Jehová” (La educación, pp. 154, 155).
Cristo identifica su interés con el de la humanidad. La obra que lleva las credenciales divinas es la que manifiesta el espíritu de Jesús, la que revela su amor, su cuidado, su ternura al tratar con las mentes de los hombres. ¡Qué revelaciones recibiría el hombre si se descorriera el velo y pudierais ver los resultados de vuestra labor al relacionaros con los errantes que han necesitado un trato más juicioso para no ser desviados de la senda! “Por lo cual alzad la manos caídas y las rodillas paralizadas; y haced derechos pasos a vuestros pies, porque lo que es cojo no salga fuera de camino, antes sea sanado”. Siempre hemos tenido que tratar con personas tentadas y probadas, y es esencial que nos convirtamos a Dios cada día, y seamos vasos que puedan ser usados para el honor y la gloria de su nombre. El verdadero valor del alma puede ser estimado únicamente por la cruz del Calvario (Testimonios para los ministros, p. 184).
Cuando la depresión se apodera del alma, eso no es evidencia de que Dios haya cambiado. Él es “el mismo ayer, y hoy, y por los siglos”. Es posible estar seguro del favor de Dios cuando se es capaz de sentir los rayos del Sol de justicia; pero si las nubes envuelven su alma, no debemos creer que hemos sido abandonados. La fe debe atravesar las tinieblas. El ojo debe estar fijo en Dios, y todo nuestro ser se llenará de luz. Hay que tener siempre ante la mente las riquezas de la gracia de Cristo. Atesoremos las lecciones que proporciona su amor. Que nuestra fe sea como la de Job, para que podamos decir; “Aunque él me matare, en él esperaré”. Aferrémonos de las promesas del Padre celestial, y recordemos la forma como nos trata; porque “todas las cosas les ayudan a bien… a los que conforme a su propósito son llamados” (Mente, carácter y personalidad, tomo 2, p. 514).

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