Domingo 19 de abril: Pescadores de hombres
La noche era el único tiempo favorable para pescar con redes en las claras aguas del lago. Después de trabajar toda la noche sin éxito, parecía una empresa desesperada echar la red de día. Pero Jesús había dado la orden, y el amor a su Maestro indujo a los discípulos a obedecerle. Juntos, Simón y su hermano, dejaron caer la red. Al intentar sacarla, era tan grande la cantidad de peces que encerraba que empezó a romperse. Se vieron obligados a llamar a Santiago y Juan en su ayuda. Cuando hubieron asegurado la pesca, ambos barcos estaban tan cargados que corrían peligro de hundirse.
Pero Pedro ya no pensaba en los barcos ni en su carga. Este milagro, más que cualquier otro que hubiese presenciado era para él una manifestación del poder divino. En Jesús vio a Aquel que tenía sujeta toda la naturaleza bajo su dominio. La presencia de la divinidad revelaba su propia falta de santidad. Le vencieron el amor a su Maestro, la vergüenza por su propia incredulidad, la gratitud por la condescendencia de Cristo, y sobre todo el sentimiento de su impureza frente a la pureza infinita. Mientras sus compañeros estaban guardando el contenido de la red, Pedro cayó a los pies del Salvador, exclamando: “Apártate de mí, Señor, porque soy hombre pecador”… Sin embargo, se aferraba a los pies de Jesús, sintiendo que no podía separarse de él. El Salvador contestó: “No temas: desde ahora pescarás hombres”. Fue después que Isaías hubo contemplado la santidad de Dios y su propia indignidad, cuando le fue confiado el mensaje divino. Después que Pedro fuera inducido a negarse a sí mismo y a confiar en el poder divino fue cuando se le llamó a trabajar para Cristo {El Deseado de todas las gentes, pp. 212, 213).
Siendo colaboradores con Cristo en la gran obra por la cual dio su vida, encontraremos el verdadero descanso. Cuando éramos pecadores, él dio su vida por nosotros. Quiere que vayamos a él y aprendamos de él. Así debemos encontrar descanso. Él dice que nos dará descanso: “Aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón”. Al hacer esto, encontraréis en vuestras propias experiencias el descanso que da Cristo, el descanso que se deriva de llevar su yugo y levantar sus cargas.
Al aceptar el yugo de restricción y obediencia de Cristo, usted hallará que le es de la más grande ayuda. Al llevar ese yugo se mantendrá cerca del costado de Cristo, y él llevará la parte más pesada de b carga.
“Aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón”. Aprender las lecciones que enseña Cristo es el más grande tesoro que pueden descubrir los estudiantes. Reciben el descanso cuando comprenden que están tratando de agradar al Señor {Comentario bíblico adventista, t. 5, pp. 1065. 1066).

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