Notas de Elena | Domingo 2 de septiembre 2018 | Éfeso: primera parte | Escuela Sabática

Domingo 2 de septiembre:

Éfeso: primera parte

En el tiempo de los apóstoles, la porción occidental del Asia Menor se conocía como la provincia romana de Asia. Éfeso, la capital, era un gran centro comercial. Su puerto estaba atestado de barcos, y en sus calles se agolpaban gentes de todos los países. Como Corinto, ofrecía un campo promisorio para el esfuerzo misionero.
Los judíos, esparcidos ampliamente ahora en todos los países civilizados, esperaban en general el advenimiento del Mesías. Cuando Juan el Bautista predicaba, muchos, en sus visitas a Jerusalén en ocasión de las fiestas anuales, habían ido a las orillas del Jordán para escucharle. Allí habían oído a Jesús proclamado como el Prometido, y habían llevado las nuevas a todas partes del mundo. Así había preparado la Providencia el terreno para las labores de los apóstoles (Los hechos de los apóstoles, p. 228).
Durante el largo periodo de su ministerio en Éfeso, donde por tres años realizó un agresivo esfuerzo evangélico en esa región, Pablo trabajó de nuevo en su oficio. En Éfeso, como en Corinto, el apóstol fue alegrado por la presencia de Aquila y Priscila, quienes le habían acompañado en su regreso al Asia al fin de su segundo viaje misionero.
Mientras trabajaba con Aquila se mantenía en relación con el gran Maestro, sin perder ninguna oportunidad para testificar a favor del Salvador y ayudar a los necesitados. Su mente estaba constantemente en procura de conocimiento espiritual. Daba instrucción a sus colaboradores en las cosas espirituales, y ofrecía también un ejemplo de laboriosidad y trabajo cabal. Era un obrero rápido y hábil, diligente en los negocios, ardiente “en espíritu; sirviendo al Señor” [Romanos 12:11]. Mientras trabajaba en su oficio, el apóstol tenía acceso a una clase de gente que de otra manera no hubiera podido alcanzar. Mostraba a sus asociados que la habilidad en las artes comunes es un don de Dios, quien provee tanto el don como la sabiduría para usarlo correctamente. Enseñaba que aun en el trabajo de cada día, ha de honrarse a Dios. Sus manos encallecidas por el trabajo no menoscababan en nada la fuerza de sus patéticos llamamientos como ministro cristiano (Los hechos de los apóstoles, pp. 282, 283).
En la actualidad hay tantos que ignoran la obra del Espíritu Santo en el corazón como los creyentes de Éfeso [Hechos 19:1-6]; sin embargo, no hay verdad que sea enseñada con más claridad en la Palabra de Dios. Los profetas y los apóstoles se han espaciado en este tema. Cristo mismo llama nuestra atención al desarrollo del reino vegetal para ilustrar la operación de su Espíritu al sostener la vida espiritual. La savia de la vid que asciende desde las raíces se extiende por todas las ramas para producir crecimiento, flores y frutos. Del mismo modo el poder vivificador del Espíritu Santo, que procede del Salvador, invade el alma, renueva los motivos y los afectos e incluso somete los pensamientos a la obediencia de la voluntad de Dios, capacitando al que lo recibe a dar preciosos frutos manifestados en actos santificados (Cada día con Dios, p. 250).
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Notas de Elena G. de White – Escuela Sabática Adultos
Esta semana estudiaremos la lección 10 – El tercer viaje misionero
Para el 8 de septiembre del 2018
Lecciones de Escuela Sabática – Tercer trimestre 2018
EL LIBRO DE HECHOS
Narración: Maira Fermin

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