Notas de Elena | Domingo 22 de enero 2017 | La descripción de Jesús del Espíritu Santo | Escuela Sabática


Domingo 22 de enero:
La descripción de Jesús del Espíritu Santo
“De cierto, de cierto os digo: El que en mí cree, las obras que yo hago también él las hará; y mayores que éstas hará; porque yo voy al Padre”. Juan 14:12. Con esto Cristo no quiso decir que los discípulos habrían de realizar obras más elevadas que las que él había hecho, sino que su trabajo tendría mayor amplitud. No se refirió meramente a la realización de milagros, sino a todo lo que sucedería bajo la acción del Espíritu Santo. “Cuando viniere el Consolador —dijo él—, el cual yo os enviaré del Padre, el Espíritu de verdad, el cual procede del Padre, él dará testimonio de mí. Y vosotros daréis testimonio, porque estáis conmigo desde el principio”. Juan 15:26, 27. Estas palabras se cumplieron maravillosamente. Después del descenso del Espíritu Santo, los discípulos estaban tan llenos de amor hacia Cristo y hacia aquellos por quienes él murió, que los corazones se conmovían por las palabras que hablaban y las oraciones que ofrecían. Hablaban con el poder del Espíritu; y bajo la influencia de ese poder miles se convirtieron (Los hechos de los apóstoles, pp. 18, 19).
El verdadero valor de los hombres que ocupan cargos de responsabilidad se manifiesta cuando tienen una experiencia cristiana diaria en las cosas de Dios. Las palabras de Cristo son música para ellos. “Pero cuando venga el Consolador, a quien os enviaré del Padre, el Espíritu de verdad, el cual procede del Padre, él dará testimonio acerca de mí. Y vosotros daréis testimonio también porque habéis estado conmigo desde el principio”. Si los hombres aceptaran el ministerio del Espíritu Santo —el más rico don que Dios puede dispensar— impartirían bendiciones a todos los que se relacionan con ellos (Testimonios para los ministros, p. 285).
Los cristianos pueden mantener una reputación limpia si son cristianos, es decir, como Cristo. Dios ha hecho todas las provisiones para que por medio de la fe en el Señor Jesucristo no tengan por qué fracasar ni sentirse desanimados por un futuro oscuro y atribulado, que él sabía que llegaría. El Señor Jesucristo sentía pena por sus discípulos, porque tendrían que pasar por múltiples aflicciones en el mundo. Los preparó para ese tiempo de prueba, de gran tentación y peligro de perder la fe, presentando delante de sus mentes la parte alentadora del futuro. Debía mezclar los matices brillantes y llenos de esperanza con los oscuros…
Les habló acerca de cómo deberían cooperar con el Espíritu Santo. La gran Fuente de su fortaleza —que constituye nuestro consuelo, esperanza y valor inmutables— estaría siempre al alcance de ellos. Debían ser testigos de Cristo. “Y vosotros daréis testimonio también, porque habéis estado conmigo desde el principio”. Juan 15:27. Debían ser sus representantes fíeles ante un mundo apóstata. Mientras estuvieran en el mundo no debían ser del mundo, sino presentar un fiel testimonio contra el mal que está obrando a través de planes y principios mundanos contrarios a la verdad y la justicia (Alza tus ojos, p. 135).

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