Notas de Elena | Domingo 25 de noviembre 2018 | Bajo la cruz de Jesús | Escuela Sabática

Domingo 25 de noviembre: Bajo la cruz de Jesús
“Ni pensáis que nos conviene que un hombre muera por el pueblo, y no que toda la nación perezca. Esto no lo dijo por sí mismo, sino que como era el sumo sacerdote aquel año, profetizó que Jesús había de morir por la nación; y no solamente por la nación, sino también para congregar en uno a los hijos de Dios que estaban dispersos” (Juan 11:50-52).
Estas palabras fueron pronunciadas por uno que no conocía su significado. Había perdido el sentido de lo sagrado de los sacrificios y las ofrendas. Pero sus palabras significaban más de lo que sabían él o los que estaban relacionados con él. Con ellas dio testimonio de que había llegado el tiempo para que cesara para siempre el sacerdocio aarónico. Estaba condenando a Aquel que había sido simbolizado en cada sacrificio ofrecido, el Único con cuya muerte terminaría la necesidad de los símbolos y las sombras. Estaba declarando, sin saberlo, que Cristo estaba por cumplir aquello para lo cual había sido instituido el sistema de sacrificios y ofrendas (Comentarios de Elena G. de White en Comentario bíblico adventista, t. 5, p. 1111).
No es suficiente creer acerca de Cristo; debemos creer en él. La única fe que nos beneficiará es la que le acepta a él como Salvador personal; que nos pone en posesión de sus méritos. Muchos estiman que la fe es una opinión. La fe salvadora es una transacción por la cual los que reciben a Cristo se unen con Dios mediante un pacto. La fe genuina es vida. Una fe viva significa un aumento de vigor, una confianza implícita por la cual el alma llega a ser una potencia vencedora (La maravillosa gracia de Dios, p. 140).
En el acto de someterse a la ordenanza del bautismo Cristo le muestra al pecador uno de los pasos importantes de la conversión verdadera. Cristo no tenía ningún pecado que lavar, pero al aceptar la responsabilidad de transformarse en el sustituto del hombre, los pecados de los seres humanos culpables le fueron imputados…
Todos los que viven tienen pecados que lavar… El verdadero arrepentimiento por el pecado, la fe en los méritos de Jesucristo, y el bautismo en su muerte, para ser levantados del agua y vivir una vida nueva, son los primeros pasos en el nuevo nacimiento que Cristo le dijo a Nicodemo que debía experimentar para ser salvo. Las palabras que Cristo le dirigió a Nicodemo no fueron únicamente para él, sino para todo hombre, mujer y niño que habría de vivir en el mundo… Al seguir el ejemplo de Cristo estamos seguros (Exaltad a Jesús, p. 73).
La gracia de Dios llega al alma por el canal de la fe viva, que está en nuestro poder ejercitar.
La fe verdadera demanda la bendición prometida y se aferra a ella antes de saberla realizada y de sentirla. Debemos elevar nuestras peticiones al lugar santísimo con una fe que dé por recibidos los prometidos beneficios y los considere ya suyos. Hemos de creer, pues, que recibiremos la bendición, porque nuestra fe ya se apropió de ella, y, según la Palabra, es nuestra. “Por tanto, os digo que todo lo que pidiereis orando, creed que lo recibiréis, y os vendrá”. Marcos 11:24. Esto es fe sincera y pura: creer que recibiremos la bendición aun antes de recibirla en realidad (Primeros escritos, p. 72).
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ESCUELA SABÁTICA – NOTAS DE ELENA G. DE WHITE
Esta semana estudiaremos la lección 9 – La prueba más convincente
Para el 1 de diciembre de 2018
Lecciones de Escuela Sabática – Cuarto trimestre 2018
UNIDAD EN CRISTO
Narración: Maira Fermin

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